Miguel Sobrado Sociólogo · Político · Fotógrafo

Juan José Sobrado

Pobreza y capacidades

Fecha
27 de octubre de 2000
Publicado en
La Nación
Lectura
4 min

El "combate a la pobreza" es una consigna mal planteada. Contribuye por su carga negativa a cohonestar el asistencialismo y el clientelismo político. Distrae la atención de las causas sistémicas de la pobreza que residen no en la falta de ingreso, que es su efecto, sino en la carencia o inhibición de oportunidades para el desarrollo de las capacidades de la gente que generan empleo e ingreso, que es la verdadera causa. Para que la inversión y política social de un país pueda ser bien dirigida y administrada, es necesario ubicar las capacidades afectadas para dirigir los programas públicos a su superación.

Las capacidades más importantes para el desarrollo de las personas y comunidades son los siguientes:

a) Fisiológicas o mentales como en el caso de los ancianos, enfermos crónicos o incapacitados.

b) De formación básica, por una baja escolaridad o carencia de formación técnica o profesional.

c) De formación organizativa para el desempeño empresarial o ciudadano.

En el primer caso (capital biológico), cuando el problema es temporal, puede ser resuelto por la seguridad social, a través de servicios de salud, o por la solidaridad social; cuando el problema es permanente, requiere soluciones también permanentes, como pensiones y asilos.

Capital humano. En el caso del déficit de escolaridad y de formación técnico-profesional (capital humano) es el sistema educativo el encargado de desarrollar estas capacidades para prevenir, mitigar o eliminar la causa generadora de pobreza. Aunque existen programas educativos para adultos que permite a personas con gran voluntad de superación, elevar su nivel de escolaridad, las edades más apropiadas, por su rendimiento, para desarrollar estas capacidades son la infancia y la juventud. Es en estas edades cuando la inversión en educación es particularmente importante para la formación de capital humano. En este sentido invertir en crear condiciones para que todos los niños y jóvenes se incorporen y permanezcan en el sistema educativo es no solo crear riqueza, sino también prevenir la pobreza de las nuevas generaciones, ya que se considera que quien actualmente no curse al menos noveno grado es un candidato a pobre.

En el caso del déficit en el desarrollo de las capacidades sociales (capital social), esto es la capacidad de autoorganización solidaria: empresarial, comunal y ciudadana. Se conoce poco cómo se produce, pero es considerado el factor clave para el desarrollo. El capital social se forma en la práctica social cotidiana. Aquellas sociedades con mayor acceso a la propiedad y mayor libertad de mercado generan mayor cultura y capacidades empresariales, que aquellas en que la propiedad está concentrada y los mercados y la institucionalidad controlados.

Por otra parte, las capacidades comunales y de desempeño ciudadano, conocidas como cultura cívica, tan importantes para el desempeño económico, dependen también de las condiciones locales. Serán mayores en comunidades democráticas con organizaciones sólidas, que en aquellas en que predomina el clientelismo político y serán muy bajas o casi inexistentes en los regímenes autoritarios. De ahí que países como Rusia, que gozan de un alto nivel de escolaridad y, por ende, de capital humano tienen, por la tradición centralista, un bajo nivel de capital social, lo que mantiene estancado su desarrollo.

Importancia creciente. La capacidad de autoorganización que tiene una sociedad, dados los cambios en la tecnología de gestión empresarial, es cada vez más importante y su generación y estímulo es posible a través de la capacitación en autogestión y debe ser parte de las políticas especialmente en el mundo en desarrollo. Es muy importante conocer las experiencias latinoamericanas de desarrollo de capital social, especialmente las impulsadas por Clodomir Santos de Morais, desde la perspectiva de la superación de la pobreza. El desarrollo de las capacidades de organización y gestión es importante para todos, pero especialmente para aquellas personas excluidas por su bajo nivel escolar y edad cuando la fuerza física empieza a disminuir.

Desafortunadamente son pocos los programas institucionales que generan capital social, mientras que abundan los de carácter asistencialista que no solo no resuelven el problema, sino que lo agravan.

Pienso que enfocado el problema desde sus verdaderas causas debe hacerse por parte de los gobiernos y agencias internacionales, por iniciativa de la sociedad civil, una amplia revisión de los programas sociales. Suprimir o trasformar los que supuestamente "combaten la pobreza" generando dependencia y reorientar los recursos "por el desarrollo de la gente".

Columna de Juan José Sobrado, La Nación, 2000-10-27.