Miguel Sobrado Sociólogo · Político · Fotógrafo

Juan José Sobrado

El cántaro a la fuente

Fecha
31 de mayo de 2002
Publicado en
La Nación
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4 min

Pérdida de eficacia y legitimidad. En eso se resume el proceso de deterioro de los partidos, que llevó al Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) a caer en las encuestas, hace poco más de un año, por debajo del minoritario Fuerza Democrática, que entonces todavía contaba. En la incapacidad para atender los problemas nacionales, y en su pérdida de legitimidad, al corromperse y pasar a ser simple instrumento de un grupo para alcanzar sus apetencias de honores, viajes, poder y dinero, mediante el engaño y la manipulación. La insatisfacción ya se venía notando en muchos síntomas, tal como el alto abstencionismo en las elecciones del 98, y produjo su primer sismo con la manifestación popular contra el "combo" del ICE.

Proceso que es similar al de Venezuela, y, en parte, al de Perú. En Venezuela, por las mismas razones, los otrora mayoritarios pasaron de agrupar a más del 90 por ciento del electorado, todavía a fines de los ochentas, a no más del 15 por ciento juntos, en la elección de Hugo Chávez; y el abstencionismo a crecer, hasta un 40 por ciento en esa elección de Chávez, que fue una salida desesperada que creyó ver la mayoría que votó. En Perú, el desastre de Allan García condujo como esperanza al movimiento de Vargas Llosa, que arrancó con gran fuerza, pero al que bastó el error de abrazarse con los partidos tradicionales, opuestos al APRA de García, para caer y finalmente perder frente a Fujimori, otro de fuera que cuerdamente no buscó ni aceptó ese abrazo de la muerte.

Dones del milagro. En Costa Rica, el PUSC, que ya iba camino del cementerio, fue resucitado por don Abel Pacheco, un outsider de dentro, al que debe el triunfo. ¿Con cuales dones hizo el milagro? Fundamentalmente con su credibilidad personal, resultado de transmitir sinceridad y honestidad, y decir la verdad. Los mismos con que don Ottón Solís alumbró al Partido Acción Ciudana (PAC) de la nada. Porque Pacheco representa dentro del PUSC un fenómeno parecido al del PAC. Hartos de engaños y falsedades, los costarricenses reclamaron transparencia y que se dijera la verdad, y tanto don Ottón como don Abel satisficieron en grados distintos ese profundo anhelo del alma nacional, que nadie que pretenda ser político puede ignorar. De ahí que los electores hayan escogido a Pacheco, precisamente por ser un proscrito de la cúpula del PUSC y, pese a que como su diputado votó el "combo" –la muestra más notoria del engaño que se rechaza– porque en esto aceptaron que fue embarcado de buena fe.

Por eso, la transparencia, decir la verdad y mantener la congruencia entre lo que se dice y se hace, valores que lo llevaron al poder, son su capital político fundamental, que don Abel debe conservar como presidente, si quiere triunfar en su nueva tarea, según nos conviene a todos. Plataforma de construcción necesaria, pero no suficiente, porque es indispensable un magnífico equipo y una visión nacional ya que la eficacia es el otro elemento fundamental, y la disposición a aceptar –y corregir– los inevitables errores, aunque su umbral de tolerancia para la crítica sea bajo, como lo demostró con don Julio Rodríguez. Solo así podrá iniciar el gran movimiento nacional de regeneración que es necesario.

Astucia y sabiduría. Limpiar la finca, luego de un abandono tan prolongado, es una tarea muy difícil, similar a la del mítico Hércules, cuando tuvo que limpiar los establos del rey Augías, que albergaban 10.000 caballos y tenían 10 años de no limpiarse. Y luego, reordenarla y volverla a sembrar, no menos difícil porque requiere la astucia de Ulises y la sabiduría de Solón. Difícil, pero posible, porque es lo que todos queremos y estamos dispuestos a apoyar en un movimiento colectivo. Pero requiere dejarse de amiguismos, purgar desde adentro la concepción política sobre cuyo fracaso se levantó y poner a gente idónea y excelente a hacer la tarea, la que, si está bien planteada y explicada, tendrá el apoyo popular, aunque sea dura.

Limpiar y restaurar el país de todos los muchos déficit acumulados: en educación, ambiente, infraestructura, urbanismo, orden fiscal, eficacia institucional, producción, etc. La tarea es inmensa, pero toda posible porque el país está intacto y aguardando con ansia que se le destrabe para dedicar sus energías a construir el futuro y reparar los daños que le han ocasionado el abandono y la explotación.

Si así ocurre, se salvará el cántaro del PUSC y Costa Rica, del despeñadero.

Columna de Juan José Sobrado, La Nación, 2002-05-31.