Pecados privados
- Fecha
- 20 de mayo de 2002
- Publicado en
- La Nación
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Disiento de la premisa del señor arzobispo de que, por encima de la seguridad de los niños, está el derecho del pederasta al arrepentimiento.
Porque, aunque lo tuviera, es un peligro público por sus inclinaciones y no es admisible que le entreguen niños con confianza, ignorando al lobo latente bajo su piel de oveja. Con más razón si no existe o es insincero. El riesgo debe ser cero: todos deben ser separados sin más porque es inaceptable que pederastas cuiden, orienten o enseñen a menores.
Con más razón en el ministerio sagrado, en el que la confianza es mayor y el daño es tan grave que a veces equivale al homicidio de la personalidad. De ahí las fuerte condena de Jesucristo contra el que escandalice a un niño: "Más le valiera ser lanzado al mar con una piedra de molino atada al cuello". Por eso no caben riesgos por "debilidades" de desviados sexuales. Arrepentidos o no, los sacerdotes pederastas deben ser separados definitivamente de su ministerio y juzgados por la ley común con severidad proporcional al crimen.
Columna de Juan José Sobrado, La Nación, 2002-05-20.