Miguel Sobrado Sociólogo · Político · Fotógrafo

Columnas en prensa

Lecciones que nos deja el Doctor Ortiz Guier

Fecha
24 de diciembre de 2009
Publicado en
La Nación
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4 min

Despedimos al Dr. Juan Guillermo Ortiz Guier, médico y ciudadano ilustre de nuestra patria. Gracias a su obra en el plano de la salud y la organización comunal, la mortalidad materno-infantil se redujo considerablemente en toda esta región y se contribuyó, de manera significativa, a reformar el modelo de salud costarricense y de una parte del mundo.

Hoy, viven, en muchas partes del país y del mundo, miles de madres y niños que antes morían en los partos o en el primer año de vida. En vez de podrirse en los cementerios y dejar dolor y pobreza en su hogares, hoy construyen familias, riqueza y contribuyen a un futuro mejor para todos.

Pero lo original y grandioso de la obra del Dr. Ortiz Guier y su equipo, conocidos internacionalmente como “Hospital sin paredes”, no fue por medio de un logro técnico en el ámbito de la medicina curativa, como se la concebía antes, sino integrando la organización social y la participación de la comunidad en la construcción de la salud comunitaria.

Su iniciativa fue incomprendida por la medicina de entonces, centrada en la curación. El hecho de que el Doctor fuera poeta y se lanzara a las comunidades con su banda musical, cantando el himno de la salud rural, les generaba profundos recelos y desconfianza en el mundo tecnocrático de la medicina de entonces. Más de una vez su empresa por la salud se vio amenazada por la oposición externa.

Fue, sin embargo, su sensibilidad de poeta y artista en general, unida a su sólida formación médica, las que le permitieron lograr en la práctica, en contacto directo con las necesidades y organización de las comunidades y los más humildes, la meta que hoy se postulan las ciencias médicas y sociales de crear una ciencia integrada.

A la vanguardia. A contrapelo de los prejuicios prevalecientes entre los médicos, aún no superados del todo, que no consideraban capaces a los miembros de la comunidad sin formación médica universitaria de dar un aporte significativo y tomar iniciativas en el ámbito de la salud, el Doctor Ortiz detectó sus posibilidades y las incorporó a la conquista de la salud.

Descubrió las necesidades en las salas del hospital, adonde llegaban a morir, innecesariamente, por falta de condiciones, madres y niños; analizó las causas con las comunidades y las invitó a organizarse para enfrentarlas. Creyó en el sentido común y buen juicio de la gente llana y estimuló con información oportuna sobre los casos existentes, así como formando “enfermeritas” para cada comunidad.

Estimuló así el músculo de la organización realmente autónoma (no tutelada –y clientelista– como lo hacen la mayor parte de las instituciones), verdadera y única fuente de poder real comunitario, provocando una transformación que trascendió el plano de la salud tradicional y actuó sobre la fibra ciudadana y el comportamiento cívico de las comunidades.

En este sentido, su obra y sus logros no se pueden ver solo desde el ámbito de la salud, sino que deben ser estudiados con detenimiento como un camino de integración de las ciencias y de construcción de ciudadanía, hechos de particular relevancia para nuestro país y más allá en el momento actual de transición histórica que vivimos.

Vivimos en un mundo donde desaparece el trabajo físico tradicional y la preparación de la gente y la organización participativa se convierten en factores cada vez más estratégicos, como se puede apreciar parcialmente en el desarrollo descentralizado chino, en los procesos de gestión posindutriales.

No es la inversión extranjera el factor desencadenante del desarrollo, sino la formación y organización de las comunidades. La inversión es importante, pero contribuye al desarrollo solo en la medida en que se ha preparado a la comunidad; de otra forma, se genera marginación y pobreza.

Creer en la gente y contribuir a su empoderamiento organizacional para activar su potencial, es la principal lección que nos deja el Doctor Ortiz. Su ejemplo debe servirnos para retomar su experiencia y apoyarnos en sus enseñanzas, aún incomprendidas, para enfrentar los problemas que vive nuestra patria.

No quiero terminar estas palabras sin mencionar, por justicia, el apoyo permanente que tuvo el Doctor durante toda su vida, pero que fue estratégico en los momentos más difíciles, de su esposa Virginia.

A ella y a su esfuerzo y apoyo permanente al Doctor Ortiz, debemos también nuestro agradecimiento.

Publicado en La Nación, 2009-12-24.