Miguel Sobrado Sociólogo · Político · Fotógrafo

Columnas en prensa

La palanca de la evaluación

Fecha
8 de noviembre de 2002
Publicado en
La Nación
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3 min

He venido proponiendo el mecanismo de la evaluación de resultados como un punto de apalancamiento importante en la transformación del Estado. Pienso que la evaluación de resultados, como han demostrado parcialmente los informes del Estado de la nación, “apoderan” a la población y contribuyen a generar condiciones para la rendición de cuentas, la transparencia, la participación ciudadana y, desde luego, la buena gerencia pública. Claro que la reforma del Estado requiere transformaciones más profundas, pero lo importante es activar mecanismos capaces de ponerla en marcha a través del sistema institucional existente, antes que el proceso se desborde y lo destroce.

Don Johnny Meoño afirmó (Página 15, 20 de julio y 29 de agosto) que somos todos los costarricenses, por indolentes, los responsables del mal manejo de la administración pública. Con mis respuestas he tratado de responder a esta afirmación haciéndole ver que existen responsables concretos en la clase política ligada al empresariado rentista (herederos de la institucionalidad –seudorrepublicana– de origen colonial, para hacer dinero fácil a la sombra del Estado) y que el grueso de la ciudadanía, que cumple sus funciones con laboriosidad, no puede pedir cuentas pues carece de información sobre los resultados de la gestión pública.

Diluir la responsabilidad. La gente se moviliza por cosas concretas y no por leyes hechas en un escritorio, que desconoce. Lanzar cargos a todos los ciudadanos porque no demandan la aplicación de las leyes, aunque en el artículo del 28 de setiembre excluya a los niños, es diluir la responsabilidad y desviar la atención ciudadana de los verdaderos responsables que son quienes tienen la obligación constitucional e institucional de aplicarlas, para caer en la autoflagelación y el determinismo histórico fatalista. Esto es un favor gratuito a los verdaderos responsables y una nube de humo que confunde a la ciudadanía, independientemente de las intenciones de don Johnny, quien merece respeto por su vocación y compromiso con la transformación del país. No he pretendido, como él sugiere en su último artículo, cuestionar su obra, sino hacerle ver que más allá del ordenamiento jurídico formal existe una estructura subyacente de poder que define en última instancia el comportamiento efectivo del Estado. Mi intención es destacar el carácter polifacético del poder real para aunar esfuerzos interdisciplinarios en la búsqueda de soluciones y poder salir de los estrechos carriles del enfoque administrativista que conducen evidentemente a la desesperanza.

Decía don Manuel Mora Valverde que la mejor ley no se cumple si no existe detrás una fuerza capaz de hacerla cumplir. En este sentido las mejores estructuras legales, por complejas y completas que sean no garantizan la transformación del Estado. Para que operen deben “apoderar” a la ciudadanía de información oportuna sobre los resultados de la gestión pública y del derecho de rendir cuentas incluyendo la revocatoria del cargo de los jerarcas que incumplan sus obligaciones. Ahí reside, a mi juicio, el poder de la palanca.

Publicado en La Nación, 2002-11-08.