Miguel Sobrado Sociólogo · Político · Fotógrafo

Columnas en prensa

En el límite del límite...

Fecha
30 de septiembre de 2002
Publicado en
La Nación · carta colectiva
Lectura
4 min

El país está estancado. Retrocediendo. A pesar de sus grandes virtudes y recursos morales y humanos, es víctima de un sistema político e institucional cada vez más desfasado de la realidad, que lo ha venido empujando, sin tregua, hacia las puertas de una crisis hasta dejarlo, postrado, en el límite del límite.

Quienes lo han gobernado, al rehuir el análisis y solución de sus problemas, contribuyeron a provocar esta situación. Se han acumulado déficit en todas las áreas: política, fiscal, ambiental, educativa, control de gestión, seguridad, ordenamiento urbano, infraestructura, salud, entre otros. Como efecto de este abandono, también se ha complicado la administración, lo que ha favorecido la corrupción.

Se han abandonado la previsión y ordenamiento del futuro, y el Gobierno se ha reducido a administrar el presente, atento al efecto inmediato y no a las soluciones duraderas. Se descuida el interés público en aras del partidista o particular. En lo económico, el Estado ha venido viviendo por encima de sus medios, de préstamos internos y externos, en dólares y colones, y no de recursos sanos, lo que ha generado crecientes déficit en las finanzas públicas y la balanza de pagos, así como el crecimiento de la deuda pública. Como resultado, el sistema total se ha deteriorado y no responde bien a las necesidades públicas ni se adapta a las circunstancias cambiantes.

Causas estructurales. El déficit y el crecimiento de la deuda no son la causa, sino manifestación del problema. Sin embargo, por sus dimensiones, se convierten en causas por sí mismas, al igual que el cáncer desarrollado lleva el paciente a la muerte. Pero, aunque haya que empezar por ahí, no se pueden olvidar las causas estructurales del problema ni la urgencia de atenderlas. El camino errado de postergar las medidas correctivas conducirá a corto plazo a disparar la deuda pública y el déficit, y podría provocar una crisis externa, con efectos profundos en el bienestar de todos, especialmente de los más pobres.

Es evidente que ya estamos en el límite del límite. Urge suministrar más recursos al fisco, sea por la vía de más impuestos o mejor recaudación de los existentes, por reducción del gasto o una combinación de todo. Los costarricenses debemos estar dispuestos a contribuir más. Pero el Estado, sus instituciones y funcionarios también deben aportar su cuota de reforma, eficiencia y parsimonia porque el ejemplo de multiplicar los recursos debe empezar por casa, y el pueblo tiene derecho a recibir servicios adecuados por lo que paga.

Reformas legislativas y administrativas. Para obtener la transparencia y eficiencia deseadas en el gasto, es necesario tomar medidas de reforma estatal que permitan: a) actuar con base en la evaluación de los programas y la rendición de cuentas, de lo que dependa su existencia y la retribución de los encargados; b) publicar los resultados de las evaluaciones en Internet para facilitar la auditoría ciudadana; c) descentralizar funcionalmente la administración y responsabilizar a sus encargados; d) racionalizar el gasto, actualmente plagado de abusos, y exigir cuentas; e) eliminar la manipulación política y el clientelismo; f) ofrecer más y mejores servicios con los actuales empleados y reordenar la fuerza laboral, que es la principal carga fiscal.

Aunque lo fiscal y la deuda resultan prioritarios por urgentes, los demás déficit también deben ser atacados ahora por su enorme importancia intrínseca y porque su solución es esencial para la reactivación nacional. Es inaceptable que la educación muestre un déficit de calidad y cobertura; que con recursos suficientes no disminuya la pobreza; que el suministro de agua potable esté en serio peligro; que el aire en las ciudades muestre índices alarmantes de contaminación; que apenas el 4,5 por ciento de la población tenga tratamiento de aguas negras; que nos ahogue la basura, se mueran los ríos, el golfo de Nicoya esté en serio peligro y no haya forma de desarrollar la infraestructura vial ni los puertos aéreos y marítimos.

Como el Titanic . Esta es una prueba de fuego para la democracia costarricense. En ella se juega su futuro. Entenderlo así es un deber patriótico. Todavía algunos, como quienes creían que el Titanic no podía zozobrar, siguen confiados mientras la nave hace agua. Pensamos que el presidente Pacheco podrá liderar los cambios que el país requiere, pues cuenta ahora con el poder que le brinda el respaldo popular. Ha logrado sembrar esperanza y fe en el pueblo por la congruencia de sus primeras acciones. Pero esta fe y confianza de la ciudadanía no se repetirá fácilmente. Y podría ser sustituida por desesperanza y violencia.

Jorge Guardia, Juan José Sobrado, Eugenia Flores, Cecilia Valverde, Miguel Sobrado, Víctor Buján, Gonzalo Ramírez, Julio Corvetti, Jaime Gutiérrez, Alfonso Mata, Javier Solís, Manuel Mora

Carta colectiva firmada por Juan José Sobrado y Miguel Sobrado. La Nación, 2002-09-30.