Miguel Sobrado Sociólogo · Político · Fotógrafo

Columnas en prensa

Justicia o caos

Fecha
10 de julio de 2001
Publicado en
La Nación
Lectura
3 min

El asesinato de Parmenio Medina pone en juego el sistema de derecho costarricense. La mafia ha lanzado un reto al Estado costarricense y a la población en general. Nos ha dicho sin ambages que ella puede actuar impunemente en nuestro país y que el que se oponga será eliminado. Es decir, nos anuncia la dictadura del terror. Si el Estado no la hace pagar su crimen de manera pronta y ejemplarizante, su autoridad en breve dejará de existir, cundirá la violencia y se habrá privatizado la justicia.

Aunque esto puede parecer exagerado para algunos ticos que seguimos pensando que nacimos vacunados contra la violencia, olvidando que la paz ha sido una conquista ganada con el esfuerzo y las decisiones valientes de generaciones anteriores que cultivaron la justicia social y pública, esto es exactamente lo que sucederá si no se detiene y castiga a los asesinos.

Despertar las conciencias. El libro No nacimos pa’ semilla , de Alonso Salazar, publicado en Colombia por el CINEP en 1990, debe ser conocido en nuestro país para despertar la conciencia sobre la gravedad del problema que estamos viviendo. En él se describe, detalladamente, con grabaciones realizadas a los propios sicarios y a los justicieros locales que surgen para la autodefensa, como la violencia al permanecer impunes los asesinos, por incapacidad gubernamental, rompe el orden público y desata la ley de la selva en los barrios y comunidades. Cada ciudadano debe defenderse por sí mismo u organizarse en bandas. Bandas que terminan siendo tan brutales como las de los mismos sicarios. Debo decir que la lectura de ese libro en 1991 logró provocar en mi vientre la misma sensación de malestar y shock que recibí durante la primera visita que realicé al campo de concentración de Auschwitz, Polonia, en 1966.

Estamos acostumbrados a la violencia, surgida de pasiones humanas cotidianas, como los celos o el robo, pero nunca nos hemos relacionado con la violencia sistemática y descarnada del terror, donde el individuo se convierte en una pieza a ser destripada en la faja de montaje. Por eso, la simple lectura del libro me provocó la misma incertidumbre sobre la especie humana que el campo de exterminio hitleriano.

Si la justicia no actúa con celeridad y profesionalismo y el crimen de Parmenio queda impune, quien quiera denunciar algo tendrá primero que contar con una banda de pistoleros privados, y la libertad de prensa –ya de por sí afectada por la condena a La Nación – será objeto de estudio para especialistas en los periódicos viejos de la Biblioteca Nacional.

Indicadores de descomposición. Despertemos ante el peligro común conciudadanos y exijamos, antes de que sea demasiado tarde, que las autoridades defiendan el Estado de derecho, de acuerdo con sus obligaciones constitucionales, y propongámonos ajustar el Estado a las nuevas condiciones, impongamos la rendición de cuentas y el control ciudadano. Debemos participar en el proceso.

La situación es grave; aunque todavía no estamos al borde del abismo, vamos hacia él. Los indicadores de descomposición de nuestro tejido social como el suicidio de jóvenes desesperanzados, la masacre en las carreteras, el robo del Banco Anglo, de Aviación Civil, de los fondos sociales y la creciente delincuencia juvenil marcan una pauta.

El asesinato de Parmenio define el control dictatorial que anhela la mafia. Actuemos con decisión ciudadana, como nuestros abuelos en 1856; hay que sacar a todos los corruptos de sus madrigueras, públicas y privadas, dondequiera que estén, antes que sea demasiado tarde. El tiempo corre a favor de quien actúa primero. Que no lloremos mañana como "pobrecitos" lo que no supimos defender hoy como ciudadanos.

Publicado en La Nación, 2001-07-10.