La babel de la pobreza
- Fecha
- 12 de mayo de 2001
- Publicado en
- La Nación
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Hemos visto en artículos anteriores que en las repúblicas clientelares como la nuestra a diferencia de aquellas donde funcionan los contrapesos entre poderes, la rendición de cuentas y el control ciudadano las políticas, en especial las sociales, se subordinan a las relaciones de poder. Esto significa que se orientan, ante todo, a sostener y fortalecer las redes clientelares en vez de dirigirse a la superación de la pobreza, para lo que se crearon.
Será difícil modificar esta situación mientras no existan condiciones para los cambios estructurales; sin embargo, lo preocupante es que las medidas propuestas por los organismos internacionales dirigidas a contrarrestar este estado de cosas, incorporando las comunidades y las poblaciones marginadas a la vida pública, están fallando estrepitosamente. Lo peor es que, en gran parte, este fracaso se produce por problemas técnicos y conceptuales superables con un análisis comparativo de las experiencias.
Tres conceptos básicos. Las ciencias sociales y los organismos internacionales encargados de este costoso "combate a la pobreza" deben dirigir la atención a esta confusión, conceptual y práctica, en los componentes esenciales de sus recomendaciones, entre los que se destacan: organización, participación y capacitación. No obstante la importancia reconocida que tienen para generar "apoderamiento" y participación ciudadana, en la práctica se aplican con diversos significados. Organización, por ejemplo, para algunos es la firma de un acta constitutiva, para otros es haber llevado un curso; haber reunido un grupo; elaborar un organigrama, o que un conjunto de personas haya emitido una declaración de intereses comunes.
Muy pocos entienden que la organización es mucho más que eso, que se trata de una red de relaciones viva, con sus jerarquías y procedimientos, que se establece entre los miembros del grupo para resolver alguna necesidad colectiva. Muchos menos saben que la autonomía del grupo es un requisito para crear una organización. Esto es, que no se puede aprender organización sin autonomía, como no se puede aprender a manejar un vehículo si no se le permite al conductor asumir los controles. A contrapelo de esta realidad, se imponen proyectos, diseñados por técnicos que, utilizando palabras del presidente del Banco Mundial, "no conocen al cliente", sus necesidades, ni su visión del mundo, para que se "organicen", "participen" y se "capaciten".
Se confunde capacitación con instrucción o con "buenos consejos", olvidando que la capacitación, como habilitación para el desempeño en organización, requiere "manejo de los controles", ya que solo a través de la actividad objetivada es como se desarrollan las habilidades y conocimientos requeridos.
Se confunde también participación con el rito de la aprobación formal de un paquete confeccionado por otros o en servir de "asistente" o de "monaguillo" de la autoridad o del técnico local, que en la práctica no pasa de ser una manipulación o "participulación", como lo denomina el profesor Raff Carmen de la Universidad de Manchester. La participación efectiva solo se da cuando existe una organización propia y, por ende, autonomía.
Toma de conciencia. Esta confusión conceptual y práctica alrededor de estos tres elementos de la estrategia para superar la pobreza obedecen, obviamente, a visiones epistemológicas diferentes, pero cuyos alcances y limitaciones pueden ser decantados fácilmente, si se lo proponen, a través de una evaluación de impacto y del análisis sistemático de resultados de los proyectos, las universidades y los organismos de desarrollo. Esto, desde luego, implica una visión más interdisciplinaria y más integral de los procesos de desarrollo, que debe empezar por superar el economicismo prevaleciente. Este esfuerzo es posible de realizar a corto plazo, si se toma conciencia de su importancia.
Los productos de este esfuerzo no solo elevarían el impacto de los programas sociales, sino que redireccionarían las acciones de la política social hacia lo sustantivo, poniendo en evidencia la aridez del asistencialismo y la necesidad del cambio institucional. Un esfuerzo de esta índole puede y debe ser impulsado por las ciencias sociales nacionales, superando con visión y organización los escasos recursos de que disponen las universidades. El financiamiento vendrá más adelante, con los resultados.
Publicado en La Nación, 2001-05-12.