Todos es mucha gente
- Fecha
- 12 de septiembre de 2002
- Publicado en
- La Nación
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Aceptar la afirmación de don Johnny Meoño, en Página 15 del 29 de agosto, de que todos los costarricenses somos responsables, por indolentes, de la mala administración pública sería, además de injusto para la mayoría de la población, una forma de desviar la atención sobre los verdaderos responsables del estancamiento. Aparte de votar cada cuatro años, la mayoría de los costarricenses no tiene otra relación con el gobierno.
Durante el período posterior a la elección, este sector de la población se dedica a realizar su trabajo de la mejor manera posible, destacando en muchos campos productivos y de servicios en el ámbito regional e internacional. El Gobierno es responsable directo de los políticos electos y de la tecnocracia: a ellos debemos pedir cuentas en primer lugar.
Existe, desde luego, también, una responsabilidad indirecta de los sectores intelectuales y de la prensa, que tienen conocimiento y formación para dar seguimiento; pero este es un sector, aunque importante cualitativamente, numéricamente pequeño.
Poder clientelista. La mayor parte de la población es víctima de un sistema que se legitima bajo el manto republicano y ciudadano, pero que opera con una lógica clientelista.
La población no es pasiva, don Johnny, existen miles de denuncias ante la Sala Cuarta, la Contraloría y la Defensoría de los Habitantes que dan fe de su civismo. Lo que pasa es que el sistema no funciona como república ciudadana y, en última instancia, prevalece la lógica de poder clientelista. De otra forma no podríamos interpretar la disposición de la Sala Cuarta de ratificar la negativa del BANHVI a entregar a Marcela Gómez y Mónica Jara la lista de beneficiarios de los bonos de la vivienda para hacer una encuesta sobre las calidades sociales de los receptores, como parte de su tesis de licenciatura.
Por eso, don Johnny, es que no se cumplen ni el párrafo segundo del artículo 11 de la Constitución, que ordena las evaluaciones de resultados, ni ninguno de los artículos que usted promovió, cuando fue ministro de Planificación, para el buen desempeño de la administración pública.
Fallas sistémicas. Sé que le anima la mejor intención, pero no hay que perder la perspectiva responsabilizando a todos por parejo. Quizás si ve un poco más allá de las soluciones formales y se adentra en el verdadero funcionamiento del sistema político institucional, podrá apuntar mejor sus baterías y enfilarlas hacia las fallas sistémicas, al menos hacia las más gruesas, como la falta de evaluación de resultados. Mientras no exista información que responsabilice a los altos jerarcas por los resultados de su trabajo, no habrá buena administración. Esto lo sabe muy bien el Gobierno japonés y los de todo el mundo desarrollado. La evaluación no es el único factor que hay que considerar, pero es estratégico. Solo habrá gerencia efectiva, transparencia y control ciudadano cuando exista un informe de resultados, y estos sean de conocimiento público, de tal forma que transfieran poder real de control a los "ángeles", pero animen también la denuncia a los mismos "diablos" deseosos de poder. No puede existir una república ciudadana sin un sistema de pesos y contrapesos que la haga funcionar, y esto no puede darse sin información de resultados: lo demás son cuentos de leguleyos.
Publicado en La Nación, 2002-09-12.