Miguel Sobrado Sociólogo · Político · Fotógrafo

Columnas en prensa

El techo de La Fortuna.

Fecha
20 de diciembre de 2005
Publicado en
La Nación
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3 min

En un artículo anterior contrasté la capacidad de aprovechar las oportunidades del turismo por parte de la población de La Fortuna, con el fenómeno de Guanacaste, donde se han concentrado en manos de grandes empresas, principalmente extranjeras. Ese artículo, si bien ayuda a entender las limitaciones que ha tenido Guanacaste, por haber partido de una economía mercantil simple, puede haber generado un "alegrón de burro" en comunidades del Valle Central y en La Fortuna, haciéndoles pensar que tienen todas las condiciones para el éxito en el futuro. Pero eso no es así. La Fortuna debe pellizcarse bien y mirar bien, como se lo aconseja Edith Olivares Ferreto en un estudio para FLACSO, el posicionamiento progresivo de las grandes empresas. De hecho se puede afirmar que esa comunidad tiene un techo, y este no es muy alto, mientras sus pequeñas y medianas empresas no avancen en el desarrollo de formas asociativas encadenadas entre sí que le permitan competir con éxito.

El sistema de organización y gestión empresarial familiar, que tanto éxito les ha permitido alcanzar hasta ahora, es insuficiente de cara al futuro. La nueva fase de la economía local en La Fortuna y del país, sobre todo si se ratifica el TLC, exige la asociatividad de las pymes en la forma de los llamados en Italia "distritos industriales". Una modalidad empresarial nueva de pequeñas y medianas empresas de diversos campos: agroindustrial, de servicios, crédito y procesado industrial, "encadenadas" y asociadas, con una administración muy versátil, que les permite competir y cooperan al mismo tiempo. Esta forma asociativa es por su naturaleza, como lo ha demostrado, altamente competitiva con las grandes empresas industriales y transnacionales. Distritos industriales de ese tipo, o "zonas económicas especiales", como los llamaría el TEC, se han difundido con gran éxito en Italia, Francia, España y los Estados Unidos, y ese es el camino que debemos seguir nosotros para no ser arrasados por el capital extranjero en el futuro.

Choque con modelos mentales. Pero este no es un proceso sencillo pues choca con los modelos mentales individualistas y la desconfianza del pequeño empresario meseteño. Este empresario que ha dominado, como lo confirma el estudio arriba citado, el manejo contable y la buena administración -esto lo añado de mi cosecha-, ha ido perdiendo, en el proceso de competencia, las formas de cooperación tradicionales y desarrollando recelo de los otros productores. Conocidos son los ejemplos de la vida cotidiana sobre las limitaciones que tienen, incluso exitosos empresarios familiares, para dar el salto a la mediana y gran empresa con división social del trabajo. Los viejos hábitos de autosuficiencia en el análisis y gestión empresarial chocan con las exigencias de recolección de información y acción concertada de la empresa compleja.

No por casualidad dentro del movimiento cooperativo de autogestión les ha sido más fácil adaptarse a las nuevas formas a los exobreros bananeros que a los pequeños productores. La ruptura de estos modelos mentales exige un esfuerzo tan importante como el paso de la economía de subsistencia a la economía mercantil capitalista.

Y esto no se alcanza solo con sermones o cursos, sino que demanda una nueva práctica de autocapacitación, donde se puedan romper los modelos tradicionales y adquirir los nuevos propios de la empresa posindustrial. De ahí que, además de ajustarse tecnológicamente a las exigencias de la información y el conocimiento, es preciso recuperar, en una nueva práctica, la comunidad cívica y los valores de solidaridad y cooperación. Recuperar la cooperación y confianza del pasado, solo que yendo más allá de la cooperación mecánica, también, a formas de cooperación orgánica de acuerdo con las exigencias, de integrar la racionalidad empresarial con la cooperación, superando el individualismo chato, que en las actuales condiciones condena a nuestros empresarios a la desaparición.

Publicado en La Nación, 2005-12-20.