Desarrollo endógeno y capacitación masiva
- Fecha
- 20 de enero de 2008
- Publicado en
- La Nación
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- 6 min
La clave del desarrollo es la alianza de distintas fuerzas sociales
Los resultados del crecimiento turístico no han sido los mismos para todo el país. En algunas regiones, como San Carlos y otras del Valle Central, ha sido positivo para la población local. En otras como Guanacaste, las inversiones han marginado a la población nativa o la han limitado a las actividades de menor ingreso y destreza.
¿Es esto algo inevitable? Un amigo me dijo: “Mirá, Miguel, dejá de buscarle tres patas al gato. El capitalismo debe hacer su tarea reordenando la economía. Después, la política social se encargará de compensar y reparar los daños causados. La inversión extranjera es la única alternativa para el desarrollo de esas regiones”. Pero, además de no estar de acuerdo con el asistencialismo, pienso que el desarrollo no depende solo de la inversión extranjera.
Las grandes inversiones en economías de enclave como las petroleras, mineras o bananeras no han provocado el esperado desarrollo social. En cantones como Santa Cruz de Guanacaste existe una gran inversión turística que no logra encadenarse a nivel local y la pobreza sigue creciendo. Independientemente de lo importante que pueda ser la inversión de capitales, no toda inversión tiene el mismo efecto. La inversión en San Carlos ha sido en gran medida de capital físico y humano nacional forjado por el sistema educativo nacional. El desarrollo está estrechamente vinculado con lo social, lo institucional, lo cultural y el ambiente. Limitarse a lo económico es mutilar la realidad y propiciar desequilibrios que después la sociedad como un todo deberá pagar.
¿Es posible otra alternativa de desarrollo que incorpore lo social y lo ambiental?
Dentro de los movimientos sociales nacionales, podemos encontrar el ejemplo de Coopronaranjo, expuesto en el libro de Jhonny Mora
La vía cooperativa del desarrollo rural
, que perfila el camino del “interés personal bien entendido” como una alternativa exitosa y viable.
Pero ¿existen métodos y procesos que, al mismo tiempo que integran regionalmente se proyectan como paradigmas para otras situaciones sociales? Esta doble condición se da si la participación conduce al desarrollo económico y empresarial y es parte de una decisión política sostenida de desarrollo.
Hay que tomar en cuenta, primero, la diversidad. No es lo mismo una región inserta ya en una economía mercantil donde la población local articula su vida cívica a partir de su participación en la propiedad de los medios de producción; que otras como el Guanacaste tradicional donde ha prevalecido la concentración de la tierra y una gran asimetría social donde no existían mecanismos efectivos para el ejercicio ciudadano.
En el primer caso, la población local dispone de medios de producción, tradición en el manejo de las técnicas de producción mercantil y posibilidades de ejercer los derechos ciudadanos. Puede requerir de nuevos conocimientos técnicos y organizacionales para adecuarse a las nuevas condiciones, pero parte de una base que le permite asentarse para enfrentar los cambios.
En el segundo caso, para hablar de extremos, han prevalecido sea una economía mercantil simple, centrada en la producción para la subsistencia, como relaciones sociales asimétricas fundamentadas en la concentración de la tierra. Donde predominan los “techos sociales”, no solo no hay manejo técnico ni organizacional de la economía mercantil, sino que las mismas relaciones sociales de dominación reducen precisamente el valor de las identidades locales, las aspiraciones y posibilidades reales de la población.
Enfrentar esta diversidad es una tarea compleja que no pueden ser hechas, como tradicionalmente hacen las instituciones, con los mismos cursos estandarizados y los mismos instrumentos técnicos. Más allá del componente técnico y didáctico tradicional. Se requiere de dinámicas de apoderamiento organizacional y cívico que impulsen los proyectos e identidades locales, lo que Raff Carmen llama la “Agencia Humana”. Esto solo es posible de alcanzar si la capacitación es parte de un proyecto sostenido, impulsado por la propia dinámica de las fuerzas locales o por estímulo externo.
Dentro de los métodos que conozco el que puede contribuir a articular mejor un proceso sostenido de este tipo es “El Método de Capacitación Masiva” (MCM).
Este método brasileño ha asumido diversas modalidades de aplicación en tres continentes. Estás expuestas en el libro
Un futuro para los excluidos,
de R. Carmen y M. Sobrado. En el capítulo referente a Honduras se destaca la utilidad en la Reforma Agraria Hondureña de los setenta, que canalizó la energía del conflicto agrario hacia la construcción de 1063 empresas asociativas dentro de un marco amplio de alianzas del Gobierno de entonces con el movimiento campesino y cooperativo. Esto evitó la participación de ese país en la guerra centroamericana. La clave de un proceso de esta magnitud fue la alianza de distintas fuerzas sociales afectó las condiciones de vida de regiones importantes del agro hondureño.
En Luton, una comunidad de Londres, se inicio hace pocas semanas, con financiamiento del gobierno británico, la primera experiencia política con este método. Llama la atención que en Gran Bretaña se le hayan asignado recursos a esta metodología originaria del tercer mundo, cuando lo tradicional ha sido que los “desarrollados” exporten sus experiencias.
Laboratorio Organizacional de Terreno
Todos los laboratorios de la MCM empiezan por una dinámica de
que entrega las decisiones y la acción a la comunidad. En los Laboratorios Organizacionales de Terreno (LOT), una modalidad del método impulsada por la UNA, se desarrolla primero un proceso de unas doce semanas donde las personas interesadas en montar una empresa elaboran sus proyectos en grupos de hasta quince personas Posteriormente, durante ocho semanas, se autoorganizan para tomar los cursos y ubicar los recursos de financiamiento necesarios para poner en marcha sus empresas. Aprenden la técnica de hacer un proyecto completo pero también –y esto es muy importante– crean redes de cooperación interna y desarrollan capacidad de organización y cooperación regional que les facilita precisamente el desempeño futuro.
La organización apodera y contribuye a romper los “techos sociales” generados por las asimetrías sociales y sus concomitantes relaciones de dominación, así como a visualizar las posibilidades de participación en la economía local (geografía económica). Se crean condiciones para percibir las oportunidades locales y se estimula la capacidad de elaborar proyectos productivos y comunales para participar activamente en el proceso.
En otras palabras los resultados no se limitan a lo económico o técnico sino que desencadenan sinergias locales que incorporan nuevos actores económicos al mercado, mejoran las oportunidades de empleo e ingreso, abren perspectivas de desarrollo local y genera condiciones para la incorporación de la comunidad a redes de cooperación y confianza, base del Capital Social.
Recursos para el desarrollo
. Es una metodología que incorpora la “Agencia Humana” como factor estratégico. Puede contribuir a reorientar los recursos existentes en las instituciones públicas, así como otros recursos locales, creando condiciones para el encadenamiento de la macroeconomía regional. El LOT es un proceso de apoderamiento local que genera puentes, conexiones, encadenamientos entre la macro-y la microeconomía regional y eleva los ingresos locales, basándose en un incremento de la productividad.
El Laboratorio, sin embargo, no debe verse en sí como la solución técnica una especie de “pomada canaria” que resuelve todos los problemas del desarrollo. Se trata de un instrumento que imprime un gran dinamismo socioeconómico y cultural a las localidades y las regiones, pero su impacto y trascendencia depende de una “Visión Compartida” y de una decisión política tanto de las organizaciones locales y regionales, como de la decisión política de las instituciones públicas que buscan el desarrollo.
Publicado en La Nación, 2008-01-20.