Violencia criminógena
- Fecha
- 3 de noviembre de 2003
- Publicado en
- La Nación
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El buen salvaje fue solo una ocurrencia de Juan Jacobo Rousseau. Eros y Tánatos, los dos mellizos opuestos, habitan desde el principio la mente –y el corazón– del hombre, como lo expresa la Biblia con la historia de Caín y Abel. La narración que hace Claude Levi Strauss de las costumbres de los yanomanis, perdidos en lo más remoto y aislado del Amazonas, es ilustrativa: sin ninguna de las ayudas con que la industria del entretenimiento actual fomenta el homicidio y el crimen, son perfectamente criminales, y su principal ocupación es perseguirse unos a los otros. Y, sin ir muy lejos, tal como lo atestiguan las figuras de piedra precolombinas en el Museo Nacional, los habitantes de Costa Rica en esa época se entretenían, no con inocentes juegos de futbol como ahora, sino en perseguir al vecino para cortarle la cabeza y colgarla luego de adorno al cinto.
De modo que no pretendemos que la violencia omnipresente en la televisión, el cine, los juegos de video y otros entretenimientos para los niños crea de la nada la violencia con que se manifiesta cada vez más la actividad criminal, sino que, como múltiples estudios lo demuestran, erosiona y suelta los frenos con que trabajosamente la cultura ha venido aherrojando esta fuerza primordial.
Jugar con fuego. Este es el gran pecado que cometen quienes contribuyen tan eficazmente a soltarle los frenos a la bestia que anida en la naturaleza humana, y cuyas manifestaciones terribles, por motivos a veces frívolos o sin sentido aparecen, ya con frecuencia alarmante, en las noticias.
Ello, además de temerario y antisocial, es absurdo porque su justificación frente a los anunciantes –en ningún caso aceptable– de que con eso atraen más público a los programas, tampoco es cierta. Los sondeos y las mediciones de rating indican que el público costarricense prefiere otros programas y que, si mira estos –que son los que les ponen–, no es por la violencia, sino a pesar de ella, y por otras razones. Tampoco ha habido una decisión consciente de los anunciantes en ese sentido, sino que se han dejado llevar por la inercia de los programas que vienen del exterior y por la recomendación “técnica” de las agencias de publicidad, que solo atienden para estos efectos a los antecedentes de estos programas, generalmente en el mercado norteamericano, de donde provienen casi todos, y cuyos parámetros de gusto por la violencia son otros.
Factor causal. Por eso, ante la violencia que en forma preocupante actualmente manifiesta la actividad criminal, es hora de plantearse seriamente el factor causal que tiene en ella el bombardeo constante de estos programas, que en todo e incesantemente inyectan en las mentes –especialmente en las más jóvenes y moldeables– que la fuerza es el método para solucionar los conflictos y que los seres humanos solo son números y obstáculos que se pueden eliminar para el logro de los objetivos. De esta manera, además de fomentar estas pautas de conducta, insensibilizan ante el hecho violento, y los hechos criminales se elevan en intensidad y empiezan a suceder “como en las películas”.
Que los anunciantes, todos empresas serias y responsables, se planteen expresamente este aspecto no deseado y antisocial de su actividad, al que no le han prestado suficiente atención, pese a su enorme importancia y que, advertidos, le pidan cuentas y rectificaciones a sus agencias de publicidad.
Que las autoridades se dejen de hacer la vista gorda y apliquen la Ley de espectáculos públicos y la Convención de Derechos Humanos, que resguardan los derechos de los menores, así como a la sociedad, de las patologías y del fomento del crimen, normas que actualmente están pintadas en la pared, desde que el gobierno anterior ahí las mandó y boicoteó los esfuerzos para hacerlas cumplir que dejó en marcha el gobierno de don José María Figueres, boicot en el que este gobierno ha proseguido, por inercia, más que por proponérselo, porque los malos ejemplos de gobierno cunden más que los buenos.
Columna de Juan José Sobrado, La Nación, 2003-11-03.