Elefante que no se ve
- Fecha
- 22 de septiembre de 2003
- Publicado en
- La Nación
- Lectura
- 1 min
Un elefante puede pasar enfrente sin que se advierta si la mente se ocupa solo de las partes. Como a los ciegos de la fábula, que tocaban su piel y los miembros, lo olían y oían, pero que no integraban el todo del animal, la mente puede perderse en sus preocupaciones, y no dejarnos ver al gigante que nos puede aplastar como país.
Tal es lo que ocurre con la totalidad de lo que pasa en el sistema político, institucional, social , y en parte económico, de nuestro país.
Una profunda crisis sistémica lo afecta cada vez mas seriamente, sin que la apreciemos en todas sus dimensiones, aunque se sienta difusamente, al igual que el cambio de presión que anuncia la tormenta.
Demasiados indicadores lo advierten y lo perciben todas las personas informadas: caminamos hacia un precipicio al que caeremos si este proceso no se detiene.
¿Qué hacer? El país tiene amplias reservas y en lo medular sigue sano. El proceso se puede detener y revertir.
¿Cómo lograrlo? Si existen las reservas, humanas y de otro orden, lo primero es advertir colectivamente el riesgo y formular la acción para evitarlo, y lo segundo, ejecutarla.
Veamos, entonces, al elefante a fin de iniciar a tiempo esta reacción en cadena.
Columna de Juan José Sobrado, La Nación, 2003-09-22.