¿Qué hacer?
- Fecha
- 2 de julio de 2000
- Publicado en
- La Nación
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Los problemas de la educación giran en torno a la calidad mala y la población en edad escolar cubierta, insuficiente. Pero, en lo relativo a la mala calidad, la principal causa no es, como se dice, la carencia de medios materiales lo que sí es válido en lo de la cobertura, sino el resultado de la instrumentación equivocada, de la concepción pedagógica imperante, buena en sus objetivos, pero mala en el cómo y en sus sistemas, lo que no quiere reconocer y corregir el "establishment" responsable de los errores.
Desde que, hace casi 20 años, y en momentos de máxima inversión pública en educación, se midieron sus resultados, así se comprobó. Todas las pruebas posteriores no han hecho mas que confirmarlo. También lo demuestra el caso de los Estados Unidos, de donde se copió lo equivocado, porque es el país desarrollado que más gasta en educación y que peores resultados obtiene.
¿Cuáles procedimientos equivocados? Que con solo métodos, se puede enseñar; que al estudiante no se le puede exigir; que los valores se enseñan con discursos y no con su vivencia como parte del proceso de aprender; que, sin estudio sistemático y esfuerzo, se puede entender el sistema de conceptos que forman las artes y las ciencias. Que por eso se puede destrozar el idioma bajo el pretexto de la primacía de la comunicación con lo que se destroza también el pensamiento, porque se piensa con las categorías del idioma y su modo de ordenar, relacionar e interrogar a la realidad. Lo mismo con las ciencias y artes, con cuya disciplina se forma el pensamiento abstracto, con los mismos resultados.
¿Qué hacer, entonces? Pues lo opuesto, para despertar hacia el conocimiento y los valores, "el logos con eros", como en hermosa expresión lo sintetizó el recordado Roberto Murillo. Y de esta manera satisfacer lo que ahora se niega los instintos de aprender, de apreciación de la belleza y de impulso hacia el bien, que configuran la condición humana superior. Cierto que fuera del aula todo conspira contra este ideal porque la condición humana está inmersa en la pugna entre el bien y el mal. Pero, si la educación no lo hace valer, tampoco será conocido, ni se prenderán los fuegos que dejarán su marca indeleble en el educando. Tal es la inevitable, necesaria y, a veces, aparentemente estéril misión de la educación.
Centralismo kafkiano del MEP. Asimismo, y sin que sea el problema central, es necesario suministrar libros y medios, pero esto se puede lograr con los recursos existentes. Textos adecuados al alcance de todos, que sustituyan las carencias de los docentes, por ejemplo, mediante el sistema de "periolibros", que con éxito desarrolló este periódico hace un tiempo. La difusión de la electricidad y el teléfono en el territorio nacional permiten también suplir las deficiencias de los docentes, mientras se capacitan: clases por televisión, información y pruebas interactivas por Internet, para alumnos y docentes, permitirían llenar y controlar el nivel de calidad. La enseñanza debe ser estimulante, pero se ha hecho aburrida (además de insuficiente y confusa), como lo manifiestan los estudiantes en las encuestas. La motivación de los estudiantes es esencial, tal como el reciente caso de la ayuda de la UNA al Colegio de Aguas Claras de Upala lo demuestra. Es necesario generalizar esta ayuda.
Igualmente fundamental es la motivación en los maestros y profesores, piezas claves en el proceso, porque solo de persona a persona se transmiten los fuegos del conocimiento. Pero los sistemas centralistas y absurdamente dirigistas actuales matan toda iniciativa y responsabilidad personal de los docentes, necesarias para su dignidad profesional, satisfacción personal y el éxito del proceso. El centralismo kafkiano del Ministerio de Educación, en lo administrativo y en la conducción inmediata del proceso, debe eliminarse. La administración se debe descentralizar y el control educativo debe realizarse por resultados. No como ahora, diciéndole al docente, paso a paso, lo que debe hacer.
Extensión del sistema. Salvo en lo administrativo, la descentralización del proceso no debe ser territorial , como algunos pretenden, sino funcional, mediante el cambio de la representación en el Consejo Superior de Educación. Este debe representar mayoritariamente a las fuerzas cultas y pensantes, cívicas y de ciudadanos involucrados, no solo a los docentes como ahora. Porque es la sociedad así representada quien debe determinar cómo han de estar educados sus ciudadanos, no los encargados del servicio, único servicio público en Costa Rica en que eso ocurre. Finalmente, dado que las políticas fundamentales que se critican también rebajaron la calidad de la formación de los docentes, se debe dar a estos igualmente la oportunidad de ponerse al día.
Es posible, por tanto, corregir razonablemente las deficiencias de calidad, a partir de encarar sus causas reales. Una política decidida en este sentido, junto con la de la extensión del sistema para que llegue a todos, es una condición absoluta y necesaria para el progreso del país, seriamente amenazado ahora por las consecuencias directas o indirectas de tales fallas.
(*) Abogado
Columna de Juan José Sobrado, La Nación, 2000-07-02.