Miguel Sobrado Sociólogo · Político · Fotógrafo

Juan José Sobrado

¿Objetividad o relativismo?

Fecha
27 de septiembre de 1996
Publicado en
La Nación
Lectura
4 min

Son objetivas las leyes de la ciencia natural o dependen del contexto social, de la historia o de la ideología? Para los científicos naturales, las leyes probadas de la ciencia son objetivas en el sentido de que establecen cualidades del mundo natural propias de este, y que no dependen de circunstancias sociales, de la historia o de la ideología, aunque estas determinen condiciones que pueden impulsar o retrasar el conocimiento, lo que es otra cosa, y nada tiene que ver con aquella objetividad.

Sin embargo, escuelas ruidosas y de lenguaje oscuro y grandilocuente, en el campo de las ciencias sociales, pretenden lo contrario. Sociólogos, historiadores, políticos, feministas sexistas, de la línea de pensamiento de estas escuelas afirman que las leyes de la naturaleza son construcciones sociales determinadas por sus circunstancias. Una mala pasada les acaban de jugar, con una buena dosis de su propia medicina: la jerga. Según lo narra uno de los más destacados físicos del mundo, Steven Weinberg, premio Nobel, cosmólogo autor del conocido libro Los tres primeros minutos del Universo, en el número correspondiente al 8 de agosto del corriente, de The New York Review of Books, el físico matemático de la Universidad de New York, Alan Sokal, los pasó por inocentes con su propia jerga.

Sokal envió un artículo deliberadamente minado con afirmaciones falsas, propias y de esas escuelas, a la revista de "estudios culturales": Social Text, uno de los baluartes de ese pensamiento en Estados Unidos, y se lo publicaron como gran cosa en el número de primavera-verano de 1996. El artículo de Sokal lleva el rimbombante y vacío título de: "Pasando los linderos: Hacia una Hermenéutica Transformativa de la Gravedad Quántica", grato a los oídos "posmodernos" de estas humanidades, que, como dice Weinberg "les gusta surfear en campos de vanguardia como mecánica cuántica o teoría del caos, para vestir sus propios argumentos sobre la naturaleza fragmentaria y determinada por el azar de la experiencia". Continúa diciendo Weinberg que "Sokal repasó varios tópicos corrientes en física y matemáticas y, con la lengua en la mejilla, delineó conclusiones políticas, culturales y filosóficas, atractivas para los comentaristas académicos a la moda que cuestionan las bases objetivas de la ciencia".

Parte del cuento que Sokal hizo tragar a los relativistas fue su descripción del desarrollo de la física: "mucho de su desarrollo era correcto, pero estaba fuertemente adulterado con alarmas, la mayor parte de las cuales habrían sido detectadas por cualquier estudiante avanzado de física", pero donde el artículo de Sokal incurre en palabrería sin sentido es en las citas que hizo de los críticos culturales posmodernos, adalides de la corriente objeto de la sátira.

Weinberg pone como ejemplo de estas últimas, una cita del oráculo de la deconstrucción, Jacques Derrida, sobre la constante de Einstein, que, como lo dice Weinberg, es un completo sinsentido. En la misma forma citas con gruesos errores conceptuales del filósofo Bruno Latour sobre la relatividad especial; de Stanley Aronowitz sobre la teoría del "campo unificado"; del profesor de inglés Robert Markley, que denomina "nolinear" a la teoría del campo unificado, "aunque es el único ejemplo conocido de una precisa teoría linear"; y de Michael Serres y del archiposmodernista Jean - Francois Lyotard, "que en forma gruesa presentan equivocadamente la visión del tiempo en la física moderna". Todo este absurdo, hábilmente tejido de modo que sonara profundo e "in" a los oídos de relativistas y posmodernos.

El propio Sokal reveló la broma en una publicación posterior, que ha provocado muchas carcajadas y puesto verde a Social Text y su secta. Como lo dijo Sokal, su artículo "liberalmente aderezado con sinsentidos", fue aceptado como ciencia solo porque: "a) sonaba bien; b) halagaba las preconcepciones ideológicas de los editores". Este divertido asunto trae a colación los usos de la jerga y del sinsentido como ciencia, profundamente incrustado en las "softsciences", que indebidamente pretenden ampliar su campo de acción con palabrería rimbombante, que a fuer de profunda se presenta como cierta. Y del respeto debido a los límites entre lo externo, objetivo y demostrable -cualquiera que sea su naturaleza filosófica- y las creaciones de la imaginación.

Columna de Juan José Sobrado, La Nación, 1996-09-27.