Imposturas intelectuales
- Fecha
- 29 de febrero de 2000
- Publicado en
- La Nación
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- 4 min
Alan Sokal, profesor de física de la Universidad de Nueva York, les jugó una mala pasada a los adoradores de formas, apariencias y autoridades. Tal como lo comenté en su oportunidad, le envió a la revista Social Text, santuario del culto, un artículo con deliberadas sandeces matemáticas y físicas, que en la jerga de las pseudociencias humanas o sociales, y de las filosofías posmodernas, y adobado con la pirotecnia verbal y la apariencia de profundidad que acostumbran, pasan por ciencia.
Publicado, y revelada la agarrada "de maje", quedó al descubierto que algunas de las grandes figuras del pensamiento actual, especialmente francés, abusan de la ingenuidad de quienes, creyendo en el argumento de autoridad, abandonan la sólida roca de la razón, y se dejan seducir por oscuridades brillantes y supuestamente profundas.
Alentado por la conmoción que causó, Sokal junto con Jean Bricmont -también profesor de física en la Universidad de Lovania- bajo el apropiado título de Imposturas intelectuales, han publicado un delicioso e irreverente libro, que recoge todo el resto del material y en el que no queda santón bateador y mentiroso con cabeza.
Puros disparates. Jacques Lacan, controversial psicoanalista de gran fama, introduce en sus textos aparentes conceptos matemáticos traídos de la topología, los números imaginarios, la lógica y otros, pero que, despojados de su sonora cobertura, son puros disparates según lo demuestran los autores.
Julia Kristeva, teórica estructuralista de la crítica literaria y otros, trata de "impresionar al lector, con una terminología rebuscada que no comprende". Teoría de conjuntos, lógica matemática y topología son sus víctimas.
Feyerabend, predicador del relativismo de la verdad "de quien el principal problema consiste en saber cuando hay que tomarlo en serio", salta, en cuanto al método, de la observación cierta de las limitaciones de todo método, al "todo vale", evidentemente falso.
El filósofo Jean Francois Lyotard mezcla la teoría del caos, los fractales, y "al menos seis ramas de las matemáticas y de la física, que en realidad están conceptualmente muy alejadas entre sí". El teorema de Godel y el determinismo son manejados con igual falta de realidad. No se trata de simples metáforas, si no que falsamente se pretende que se usa en su sentido preciso.
Jean Baudrillard, sociólogo y filósofo, también hace uso sin ningún miramiento de terminología científica y pseudocientífica, fuera de su contexto y sin entenderla. Al extremo de que los autores se preguntan: "¿Qué quedaría del pensamiento de Baudrillard si quitáramos todo el barniz verbal que lo recubre?".
Breves y superficiales. El filósofo Gilles Deleuze y el psicoanalista Felix Guattari han escrito libros de filosofía en que incurren en lo mismo, porque no emplean los conceptos científicos en otro sentido que definan, sino supuestamente en el que normalmente tienen. "El teorema de Godel, la teoría de los cardinales infinitos, la geometría de Riemann, la mecánica cuántica, etc. No obstante, las alusiones son tan breves y superficiales que el lector, que no posea un dominio previo de dichos temas, no podrá entender nada concreto. Y los lectores especializados encontrarán, la mayoría de las veces, que sus afirmaciones no tienen el menor sentido, o que, aun siendo a veces aceptables, son fútiles y confusas".
Paul Virilio, cuya "erudición asombrosa" es ponderada por Le Monde, "aunque sus frases tienen más sentido que las de Deleuze- Guattari, lo que presenta como "ciencia es un cóctel de confusiones monumentales y fantasías delirantes". Regis Debray y Michael Serres igual abusan con el teorema de Godel, al parecer una de las víctimas favoritas de esta corriente postmoderna. Favoritas también son la teoría del caos, la flecha del tiempo, la teoría de la autorganización, la geometría fractal. "Manipular frases sin sentido. Se trata en algunos autores mencionados, de una verdadera intoxicación verbal, combinada con una soberana indiferencia por el significado de las palabras" que utilizan con "arrogancia que su competencia científica no justifica". Porque la pretensión no es usar esos términos en un sentido poético o metafórico, sino en el propio que tienen en la ciencia.
Buena lección este libro, que actualmente hace olas, para quienes creen que la verdad es un producto de la propaganda, y que, suspendiendo el raciocinio y la verificación, hay que aceptar reverentes todo lo que digan los santones en cualquier campo.
Columna de Juan José Sobrado, La Nación, 2000-02-29.