El mundo al revés
- Fecha
- 14 de enero de 2002
- Publicado en
- La Nación
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Antes todo se metía en los comicios, en perjuicio del sufragio, por lo que se creó el Tribunal Supremo Electoral (TSE) para evitarlo. Ahora, por efecto de errores graves del TSE, los comicios se meten en todo y como resultado se perjudican libertades que son más importantes que el sufragio porque lo condicionan. Pero, además de los riesgos de esa emergente dictadura comicial, el TSE al hacerlo, y sin darse cuenta, lesiona grave y directamente la libertad del sufragio y su función política, cuya preservación, paradójicamente, es su razón de ser.
Porque la función del sufragio es escoger a los más aptos para gobernar, no cumplir cuotas en función del sexo ni asegurar la presentación en televisión de todos los inscritos ni hacer prevalecer los supuestos derechos al debido proceso por encima de evidentes razones de orden público.
Fuera del territorio. Contaminado de la moda que en Estados Unidos llaman "lo políticamente correcto", el TSE se salió de su territorio legal en el que ha cumplido una gran labor, una de cuyas muestras fue la presentación de importantes reformas electorales a la Asamblea Legislativa a principios del 2001 para incursionar en el de las libertades públicas, que no le corresponde, con resultados que rayan en el pensamiento kitsch de lo "ridículamente correcto": que las mujeres tienen derecho a ser electas solo por ser mujeres y a desplazar a otros de las candidaturas; que el acto burocrático de inscribirse llenar la solicitud de empleo ya capacita para gobernar; y que el derecho a escoger al mejor queda sujeto a cumplir fórmulas sacramentales de interés particular.
Los medios y lo accesorio toman así el lugar de lo principal, lo convierten en su esclavo. Debe agregarse, aunque el tema sí pertenece a lo electoral y es punto controversial en doctrina, la negativa del TSE a aceptar el derecho del elector a votar en blanco.
En este caso lo esencial la libérrima voluntad soberana del elector se sujeta a lo secundario, al partido como instrumento, porque se obliga a votar por lo que estos propongan, y se niega el importante instrumento de control que es el voto en blanco.
Apariencia y engaño. Volviendo a lo primero, se olvida que no son la propaganda ni la palabrería los generadores de apoyo político, sino los hechos, la conducta y los gestos, lo que prueba la sinceridad y la capacidad, y fundamenta la credibilidad y la convicción necesarias para que el elector acepte una propuesta; o sea, la realidad por encima de la apariencia. Por eso, muchas veces se intenta crear una realidad falsa mediante apariencias creadas por la propaganda, engaño similar al de una estafa. Por tanto, en la medida en que se privilegie a la propaganda por encima de los hechos y la trayectoria a la apariencia en perjuicio de la realidad, se atenta contra el sufragio ya que la manipulación mediante propaganda es la forma moderna del fraude. Por eso el TSE, al favorecer la propaganda y las formas por encima de la realidad y de los fines últimos del sufragio, atenta contra la pureza del sufragio cuya preservación es su razón de ser.
La igualdad de los inscritos queda garantizada con los bajos requisitos de inscripción y el financiamiento estatal. Podría completarse con la posibilidad de acceso a espacios de titularidad del Estado en la televisión. Es suficiente. A raíz de eso, al partido y al político les corresponde producir hechos y conductas que les generen apoyo popular. Si fracasa, no puede pretender que se le trate igual que los que sí han captado el apoyo popular, por lo que forzar que se dé el trato que no le corresponde como hace el TSE es atentar contra la finalidad del sufragio que es, como se dijo, escoger a los más aptos.
Si el TSE se libera de la intoxicación de lo "políticamente correcto" y, como corresponde a las altas dotes de sus integrantes, endereza el rumbo, volverá a la brillante trayectoria que históricamente le ha ganado el apoyo de los costarricenses.
Columna de Juan José Sobrado, La Nación, 2002-01-14.