Boronas de epulón
- Fecha
- 20 de agosto de 2001
- Publicado en
- La Nación
- Lectura
- 2 min
En los restaurantes de Londres y Nueva York una taza de café puede costar $3. En sus más baratas cafeterías, $1,50, precio en que el costo del café, pagado al productor ahora a precios de hambre apenas constituye la centésima parte ($0,015), valor que, si se le pagase a $120 el quintal, que sí le deja ganancia, el costo de aquella taza apenas se incrementaría en otro centavo y medio.
De modo que el productor no cumple siquiera al papel del pobre Lázaro ante la mesa del rico Epulón porque apenas es la hormiga, cuya bonanza o miseria depende no de las sobras, sino de las boronas del festín.
Pero a la mísera hormiga se le recetan todas las rigideces de las leyes del mercado: abolición del Convenio Internacional del Café, privatización de los mecanismos de compra en los países productores, especulación de los compradores, etc., factores todos importantes de la actual caída estrepitosa de los precios.
Esto, por supuesto, no se le exige a la comercialización en los países consumidores, dominada por poderosos oligopolios, por lo que sus precios al consumidor no han variado un ápice, aunque la materia prima haya caído a menos de la mitad.
Aquel absurdo y esta asimetría evidencian que el mercado en la práctica es darwinismo puro porque solo a los débiles se aplica. De este modo, la reingeniería no debe empezar en la mata, sino en la economía.
Columna de Juan José Sobrado, La Nación, 2001-08-20.