Miguel Sobrado Sociólogo · Político · Fotógrafo

Columnas en prensa

El secreto del Hospital sin Paredes

Fecha
9 de mayo de 2009
Publicado en
La Nación
Lectura
4 min

A principios de la década de los setenta se redujo abruptamente la mortalidad materno-infantil y se elevaron los índices de salud en los cinco cantones atendidos por el Hospital de San Ramón entonces bajo la dirección del doctor Juan Guillermo Ortiz Guier. La experiencia llamó la atención de las organizaciones continentales y mundiales de salud y contribuyó, junto con otras experiencias destacadas, a cambios sustantivos en la política de salud mundial (Alma Ata 1978) y posteriormente con la reforma del sector Salud en nuestro país.

Parte de esta reforma es la desconcentración del sistema de salud a lo largo del país con cerca de 900 Ebais, clínicas y hospitales que han contribuido a mejorar los índices de salud nacionales. Pero ¿hemos entendido realmente los alcances de la experiencia del “Hospital sin Paredes”, que se basaba en la participación de la comunidad y los estamos aplicando, o nos hemos quedado en la desconcentración burocrática institucional?

Trabajo de comunidades. Cuando el Dr. Juan Guillermo Ortiz puso en marcha el llamado “Hospital sin Paredes” lo hizo con la organización activa de las comunidades. Cada comunidad interesada debía enviar una muchacha al Hospital a capacitarse como “enfermerita” y formar un Comité de Salud. La enfermerita de regreso a su comunidad, elaboraba conjuntamente con el Comité de Salud local el diagnóstico y lo analizaban con los médicos del Hospital en su localidad.

A partir de ahí, el servicio médico se adecuaba a las necesidades de la salud local. Médicos y comunidad se integraban en su solo proceso de prevención y mitigación de la enfermedad. Así se construyeron acueductos y letrinas y se aplicaron normas sanitarias preventivas por parte de una comunidad alfabetizada sanitariamente. Se desarrolló en poblaciones de bajo nivel educativo, conocimiento y capacidades para promover la salud y reducir los riesgos.

El personal médico del programa, en vez de considerar su conocimiento como monopolio profesional, lo transmitía en lenguaje sencillo y promovía la capacidad de asimilación en la gente de las comunidades al mismo tiempo que aprendía de las condiciones locales y de la experiencia de las comunidades.

Fue un proceso de enriquecimiento y aprendizaje recíproco, donde la salud salió de la acción curativa en los consultorios médicos y se incorporó activamente a la vida de las comunidades a través de organizaciones locales altamente participativas. Fue este tipo de organización la estimuló el desarrollo de la comunidad cívica y el capital social la que permitió alcanzar las grandes transformaciones en muy poco tiempo.

Los Ebais, organismos de atención primaria con que se pretendió institucionalizar de manera estandarizada el “Hospital sin Paredes”, si bien desconcentran la salud y favorecen la prevención, han dejado de lado, fuera de pocas excepciones, la participación de la comunidad. Aunque esta participación es formalmente exigida, el personal médico, que es quien dirige, no entiende su importancia y descarga esta actividad en el Asistente Técnico en Atención Primaria (ATAP).

En la práctica, la comunidad se convierte en la mayoría de los Ebais en el convidado de piedra. Se ha reducido e incluso eliminado el aporte activo de la comunidad en la elaboración y análisis de los diagnósticos, que se limita en la práctica al equipo institucional, y por ende también una parte muy importante del aporte y participación activa de la prevención de la salud.

El mejor homenaje. Recientemente se le realizó por parte del Consejo de Gobierno un muy atrasado homenaje al Dr. Ortiz, quien por su aporte al país y a la salud mundial bien merece ser ‘benemérito de la patria’. No obstante, pienso que el mejor homenaje que se le puede hacer lo deben realizar las universidades estudiando su método, ya que de ahí se pueden derivar lecciones importantes, más allá de la salud, para toda la política social incluida la educación, la formación técnica y la asistencia social. Esto significa abrir un camino para liberar a la sociedad civil del clientelismo y del tutelaje y secuestro institucional, al mismo tiempo que abrir nuevos espacios al desarrollo y la democracia.

Publicado en La Nación, 2009-05-09.