El plan de solidaridad
- Fecha
- 17 de febrero de 1999
- Publicado en
- La Nación
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El Plan de Solidaridad presentado por el Gobierno de la República es un documento importante que debe ser objeto de estudio y debate. Diagnostica la pobreza en el país con base en la informacióncuantitativa existente y el quehacer institucional, sus logros y limitaciones en este campo. Sobre esta base propone nuevos lineamientos de acción sobre la pobreza y un ordenamiento en la gestión institucional que busca reorientar y mejorar el rendimiento de los programas sociales. Es un documento donde, por primera vez, se fijan metas específicas y se dan datos que permiten a la opinión pública demandar resultados y ejercer el control ciudadano. Desde esta perspectiva es un documento serio y valiente que expresa la voluntad del Presidente de instaurar en la práctica la rendición de cuentas. También es un documento que pone énfasis en buscar, a través de la evaluación, las causas estructurales o sistémicas de la pobreza para actuar sobre ellas, más allá de las declaraciones tradicionales de hacer una política social promocional.
Las propuestas para mejorar y reorientar el quehacer institucional suenan lógicas y sensatas, pero su eficacia dependerá de la existencia de una gerencia social experta, con autoridad real, para llevarlas a cabo. En este aspecto el documento no es claro. Crea Fonasol, con amplia participación como órgano de política contra la pobreza, al mismo tiempo que determina como instancias rectoras al IMAS y al IDA, tampoco queda definida la relación de estos dos entes con el Triángulo de Solidaridad.
Impacto y orientación. Se requiere de una gerencia avezada que empiece su tarea con evaluaciones inmediatas de impacto y se oriente por ellas. Una evaluación ejecutiva que permita no solo definir los problemas que en gran medida ya son conocidos, sino que identifique a los organismos responsables de los desvíos que se han producido por ineptitud o mala fe, y reoriente estos miles de millones hacia quienes realmente lo necesitan. Una evaluación que facilite negociar los ajustes necesarios al interior de las instituciones. Se requiere de una gerencia inmune tanto al asistencialismo como al tecnocratismo; que busque las causas sistémicas y no se oriente solo por la descripción los pobres; que forme y capacite un equipo interinstitucional con base en una visión compartida.
Esto es muy importante, pues existen dos peligros que pueden afectar seriamente los resultados buscados por el Plan y generar productos no deseados. El primero es el arraigado feudalismo administrativista de las instituciones y la capacidad que tienen estas -por la carencia de controles sustantivos- de adaptarse formalmente a las directrices de coordinación siguiendo, en esencia, realizando lo mismo que antes. O lo que es peor aún, aplicar criterios formales que, en vez de generar un mejor servicio, entraben y hagan aún menos efectiva la acción institucional.
Comprensión limitada. El otro peligro es más importante. Tiene que ver con las limitaciones que han tenido las ciencias sociales, pero sobre todo los políticos en la comprensión de las causas sistémicas de la pobreza. En particular la confusión que se produce de capacitación con instrucción y de la organización -instrumento clave para la construcción de capacidades- con los cursos que se aprenden en el aula. En este artículo, por razones de espacio, nos ocuparemos solo del primer peligro, al segundo, por su importancia, le dedicaremos un próximo artículo.
La gerencia del plan debe tener liderazgo efectivo y capacidad de aprender en la práctica. El plan requiere metas cualitativas. Por ejemplo, en educación no se trata solo de aumentar los años de escolaridad, o reducir la deserción, sino, sobre todo, de elevar la calidad de la educación para que los jóvenes le encuentren sentido a su formación. El sistema propuesto para los casos de pobreza, de pago por servicios a las instituciones con base en las prioridades, a través de la ficha de información social (FIS), podría ser un instrumento de racionalidad y calidad, pero también puede transformarse con facilidad en una barrera kafkiana o en un instrumento de clientelismo.
Publicado en La Nación, 1999-02-17.