Autoorganización y desarrollo
- Fecha
- 11 de diciembre de 2000
- Publicado en
- La Nación
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En el editorial de La Nación del 23 de noviembre se considera a la deuda interna como la distorsión generadora de pobreza en el país y se recomienda eliminarla privatizando activos públicos para resolver este problema. Se puede coincidir en que la deuda interna tiene que ver con la pobreza y que afecta gravemente las posibilidades de desarrollo y la estabilidad futura del país, pero no en que sea la causa matriz de la pobreza.
La causa generadora reside en el sistema político; la deuda interna no es sino un producto más de la falta de controles ciudadanos sobre el decrépito aparato del Estado. Privatizar para resolver la deuda interna, sin reformar el Estado, no ha resuelto en Latinoamérica los problemas oligopolísticos en los mercados, ni ha reducido la pobreza. Por el contrario, ha agudizado la desigualdad en la distribución de los ingresos e incrementado la pobreza.
Revisar el enfoque. En el editorial se da por cierto que el empleo solo se puede generar con capital y que, si se realizan inversiones de capital, se reduce el desempleo y la pobreza. Esta afirmación tampoco es exacta pues, como el editorialista lo señala, las inversiones en alta tecnología que se han producido "son intensivas en capital, pero poco generadoras de mano de obra no calificada". Efectivamente el desarrollo de la tecnología de producción exige cada vez mayor nivel de escolaridad, técnica y profesionalidad conocido como capital humano, lo que excluye o deja por fuera de estas oportunidades a quienes no llenan estos requisitos, especialmente cuando han pasado de cierta edad. Esto obliga a revisar el enfoque y encontrar un camino viable de inclusión social para los pobres en condiciones de valerse por sí mismos.
Es preciso añadir, sin embargo, que la nueva tecnología y las nuevas condiciones de mercado lo que exigen, además de una nueva tecnología organizacional, y esto vale la pena recalcarlo, es tecnología de importancia creciente para el desarrollo, especialmente como componente básico del capital social. En las empresas postindustriales el trabajo en equipos es una exigencia para mantener la competitividad. Las pequeñas y medianas empresas solo logran sobrevivir en las nuevas condiciones de mercado asociándose para competir con eficiencia formando cadenas productivas, como las del noreste italiano. Experiencia que hemos ignorado, a pesar de los cambios evidentes en los mercados del café y del banano.
Capital social. En otras palabras, la importancia del capital humano se acrecienta, pero más aún la del capital social; entendido como la capacidad de autoorganización solidaria, en el desarrollo local y nacional. El capital humano se forma en el sistema educativo, pero el capital social no se forma en instituciones públicas; se genera en la práctica social, en la medida en que existen condiciones favorables. El acceso a la propiedad, a la toma de decisiones públicas y a los mercados son condiciones importantes para que se puedan desarrollar las capacidades de autoorganización, las redes solidarias y de cooperación que demanda el capital social.
En Costa Rica, por su evolución histórica, el capital social tuvo condiciones favorables para su desarrollo, pero estas condiciones están siendo distorsionadas por el envejecimiento institucional, especialmente por el centralismo y la falta de una rendición de cuentas real y de un control ciudadano efectivo. Es esto lo que ha permitido el crecimiento desmedido de la deuda pública y una ineficiencia creciente del aparato estatal en la ejecución de sus políticas, incluyendo las sociales. Solo en la medida en que establezcamos controles ciudadanos efectivos sobre el Gobierno, empezando con un nuevo sistema electoral y de rendición de cuentas ( accountability ), con evaluaciones serias, como en las democracias avanzadas, podremos dar fundamento a una descentralización que dé facultades a las comunidades.
Camino al desarrollo. En este sentido la reforma del Estado, especialmente la democratización de los partidos, la elección de los candidatos por nombre o por distrito electoral, la rendición de cuentas con posibilidad de ser separado del cargo por incumplimiento y un amplio proceso de descentralización, acompañado de una política de alfabetización organizacional que facilite el acceso a la propiedad y al ejercicio ciudadano, son el camino para el desarrollo y la superación de la pobreza.
Desde luego, el camino no siempre es directo y la denuncia que hace el editorialista sobre la gravedad de una deuda interna creciente es importante. Ha existido información insuficiente sobre su gravedad por parte de la prensa nacional, y las organizaciones de trabajadores no parecen darse cuenta de eso. Colocarla sobre el tapete puede estimular los cambios políticos necesarios para movilizar la opinión pública, especialmente la de quienes se verán afectados seriamente, en un futuro mediato, como los empleados públicos y los pensionados; pero pretender resolver el problema de la pobreza y el desarrollo con una privatización, no solo no suena creíble, sino que aleja la atención del problema de fondo.
Publicado en La Nación, 2000-12-11.