Miguel Sobrado Sociólogo · Político · Fotógrafo

Columnas en prensa

Autoorganización solidaria

Fecha
16 de noviembre de 1999
Publicado en
La Nación
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4 min

Un estudio sobre la descentralización en Italia (Para hacer que la democracia funcione), elaborado durante más de dos décadas por un equipo dirigido por Robert Putnam, de la Universidad de Michigan, puso en evidencia la relevancia del capital social para el desarrollo de las regiones. El estudio demostró que este factor social y cultural ha sido decisivo para el éxito de la gestión local y el desarrollo económico y social en las regiones. Así, mientras las regiones con relaciones políticas clientelistas y sin organizaciones de participación real permanecían estancadas, aquellas donde la comunidad está organizada solidariamente, aunque carecieran de recursos naturales y riquezas, avanzaron a pasos agigantados.

El capital social es entendido como la autoorganización solidaria capaz de generar un clima de confianza en los grupos y comunidades. Su esencia va más allá del capital humano entendido como el nivel de escolaridad, técnico o profesional. Así hay sociedades, como la rusa, que tienen un gran capital humano, pero carecen de capital social y son por eso fácil pasto de los políticos depredadores.

La tercera Italia. El desarrollo vertiginoso de pequeñas empresas y microempresas organizadas en redes regionales que controlan las cadenas productivas en el nordeste italiano (la llamada tercera Italia), es una evidencia, confirmada por múltiples estudios europeos y norteamericanos, de la importancia de la organización solidaria local para competir con éxito con las grandes empresas. En esa región de Italia el ingreso per cápita es un 20 por ciento superior al promedio europeo, mientras la desocupación es menos de la mitad.

Los estudios demuestran que el desarrollo de estas regiones no ha dependido de iniciativas de los políticos, sino de su propia capacidad organizativa. La fuerza de estas comunidades ha residido en su cultura local. Para la "tercera Italia" estas virtudes se asocian con la existencia secular de pequeñas empresas campesinas en la región del arco alpino.

øEs reproducible esta experiencia?, øes posible crear capital social? Para algunos no lo es. Argumentan que los cambios culturales son lentos y requieren mucho tiempo y que, en el mejor de los casos, deben tener condiciones parecidas. Para mí la respuesta es que existen suficientes indicios, experiencias históricas sugerentes, así como instrumentos de ingeniería social que han demostrado su capacidad para producir el capital social que requiere el desarrollo.

Un caso sugerente es el de España. Un país centralista por definición, que no había conocido la democracia en siglos, 20 años después de la muerte de Franco y del retorno de la democracia ha construido una gran cultura cívica y un sólido capital social. Existen claros indicios de que este proceso tiene que ver con las organizaciones locales y las comisiones obreras montadas desde los últimos años de la dictadura por los partidos de izquierda.

Ejemplo hondureño. Otro caso, esta vez en nuestra vecindad, se da en Honduras. En la década del 70 se formaron en ese país 1.040 cooperativas de autogestión campesinas impulsadas por el PROCCARA FAO-INA, orientado entonces por Clodomir Santos de Morais. Esas cooperativas fueron integradas en gran número por obreros bananeros desplazados por los cambios tecnológicos. No se trataba de una comunidad campesina asentada de pequeños empresarios, acostumbrada a la cooperación, como en el caso de los distritos industriales del nordeste de Italia. Eran trabajadores desarraigados, provenientes de todo al país, más acostumbrados a las luchas sindicales que al trabajo comunal, pero que conocían la organización de la gran empresa bananera. Fueron capacitados en organización y gestión solidaria con el Laboratorio de Organización de Clodomir y hoy hay grandes federaciones de cooperativas. Hondupalma aglutina una parte de estas cooperativas con cerca de 1.800 asociados, 15.000 hectáreas y una planta industrial de procesado de aceite y servicios de salud propios. Coapalma, por su parte, tiene cerca de 5.000 asociados con más de 30.000 hectáreas y seis plantas procesadoras de aceite. En Costa Rica, aunque no tenemos tantas empresas de ese tipo están, entre otras, Coopesilencio y Coopevaquita, con más de 25 años, formadas con la misma metodología. Sobre esta base metodológica se han creado en Brasil los sistemas de generación de empleo basados en el Laboratorio de Organización que han obtenido grandes logros en la formación de capital social y desarrollo.

Estos hechos nos obligan a reflexionar sobre lo que debe ser la política social y las políticas de desarrollo basadas más en el desarrollo de nuestras propias fuerzas y fortalezas que en el regalo indiscriminado de bonos, cosa que analizaré de otro artículo. En lo inmediato debemos colocar sobre la mesa la importancia del capital social y dejar de lado la dicotomía entre política económica y social.

En este proceso, el Estado, más que protagonista, debe ser, como en el resto de la política educativa, facilitador de la capacitación en organización y garante del acceso a los servicios básicos; el resto lo harán las mismas comunidades al poner en marcha su potencial, restringido hasta ahora por las estructuras clientelares de dominación política.

Publicado en La Nación, 1999-11-16.