Miguel Sobrado Sociólogo · Político · Fotógrafo

Columnas en prensa

Apóstol en su tierra

Fecha
20 de febrero de 2009
Publicado en
La Nación
Lectura
3 min

Una vez graduado como ingeniero agrónomo, don Melvin Toruño se apuntó en una maestría y extensión en una conocida institución nacional. Trabajaba para el Instituto de Desarrollo Agrario y quería ayudar al desarrollo nacional, especialmente el de su querido Guanacaste donde veía crecer, en medio de la riqueza, la pobreza y marginación de la población originaria. En la maestría le habían enseñado el método de “aprender haciendo” como la solución para que los productores se fueran apoderando de los secretos de la modernidad productiva.

Seguro de que tenía la solución para impulsar el desarrollo y crecimiento económico de su comunidad, convenció a sus vecinos para sembrar una serie de productos que mejorarían sus ingresos. Estaba bastante avanzada la siembra cuando tuvo un accidente que lo obligó a permanecer hospitalizado durante varios meses. Cuando regresó a su comunidad, se encontró con que las cosas no habían cambiado. La gente se comió los productos sembrados que debían transformar la economía local y habían vuelto a las actividades tradicionales.

Este hecho le produjo malestar y desazón. No entendía por qué había fracasado el método de extensión que tantos éxitos había tenido, según sus profesores, en otras partes. Comprometido con su pueblo, del cual conocía sus capacidades creativas y al que amaba entrañablemente, rechazaba los prejuicios que le atribuían al clima y a la cultura local, la “vagancia” de los lugareños.

La clave del éxito. En el año 2003, la dirección regional del IDA lo envió a dar apoyo en la elaboración de proyectos en el Laboratorio Organizacional de Terreno (LOT) que se realizó en Nosara. Ahí se relacionó con la teoría que sustenta la metodología de capacitación masiva y su práctica inductiva. Descubrió que, en realidad, la experiencia de aprender haciendo, realizada en su pueblo, no había fracasado ya que los campesinos habían aprendido a producir, solo que para comerse los productos, no para venderlos, como era su propósito. Que producir para el mercado, en vez de para el consumo personal, implicaba un conocimiento y una lógica de producción diferente que las personas debían aprender.

Había que reconocer el mercado, conocer gustos, costos de las materias primas, precios de venta etc. Esto se realizaba entonces en el LOT de Nosara en un curso de proyectos. Los participantes llevaban sus ideas, las discutían y recogían la información necesaria para montar un perfil de proyecto con el apoyo de la instructora. Don Melvin se entusiasmó con los resultados y una vez terminado el LOT continuó con un taller de proyectos que transformó lo perfiles en proyectos que fueron financiados por ideas productivas del IMAS.

Estas empresas, que al día de hoy sobreviven casi todas, le permitieron comprender el origen del problema y la forma de solucionarlo, aportando al mismo tiempo nueva riqueza metodológica con sus instrumentos de trabajo. Convencido de la eficacia de su trabajo, promovió experiencias similares en Colonia del Valle, Lajas, La Roxana, Argendora y promovió la firma de un convenio del IDA con la Universidad Nacional para integrar recursos y reforzar el trabajo de proyectos. Él sufría mucho cuando lo apartaban de su “alfabetización empresarial” como les llamaba a los talleres donde veía crecer a los asentados, para tener que realizar tareas de fiscalización agraria.

No pudo atender, como lo deseaba, todos los proyectos emprendidos, pero logró que se realizaran conjuntamente con la UNA los Laboratorios de Bejuco y La Roxana. El 24 de enero se inició con apoyo de la UNA, del IDA y con financiamiento de la Fundación Florida el Laboratorio de Santa Bárbara de Santa Cruz, su pueblo de origen uno de sus anhelos más profundos. Gravemente enfermo en el hospital de Liberia, llamó por su celular para cerciorarse de que se había iniciado la capacitación. El 1 de febrero descansó en paz, pero dejó un halo de bondad y cariño, y un sendero de esperanza y compromiso.

Publicado en La Nación, 2009-02-20.