Turismo y desarrollo en peligro
- Fecha
- 24 de mayo de 2005
- Publicado en
- La Nación
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Coincido plenamente con Acoprot en que el retraso de las obras en el Santamaría, y del indispensable nuevo aeropuerto internacional en Orotina, ponen en riesgo el turismo y el desarrollo del país. Solo que, al igual que las cámaras AM-CHAMB y la UCCAEP, al avalar sin estudio propio y como acto de fe, el dicho de Alterra, partieron inevitablemente de que esta tenía razón en sus demandas y, por tanto, debían ser aceptadas. Solo así se explica que recriminaran al Gobierno por no negociar.
En otras publicaciones he explicado -sin que nadie me haya refutado por ser ciertas- que Alterra pretende, sin base legal, con amenazas de demandas o arbitrajes legalmente imposibles, y reteniendo el Santamaría como rehén, que el Gobierno o los usuarios le paguen de más casi $140 millones, entre sobreprecios de las obras -realizadas o por realizar- y gastos no pactados o por encima de lo que corresponde, y sin contar en aquel cálculo la disminución en calidad y cantidad de las obras a realizar. Por ejemplo, por obras "realizadas" cobra más de $80 millones, doble de lo cotizado, que el propio Órgano Fiscalizador de Aviación Civil valora en apenas $42 millones.
Nadando en dinero. Agrego ahora que, de acuerdo con sus propios estados financieros auditados presentados ante la Aresep, ha recibido en estos 4 años $96 millones por su porcentaje en los ingresos del Santamaría, más el "préstamo" de $12,5 millones de dólares que le otorgó el Gobierno, mas los $90 millones ya desembolsados por "los bancos", por lo que está nadando en dinero, y no necesita los $30 millones que "faltan por desembolsar" de ese préstamo, que alega como indispensables para terminar las "obras" y es el pretexto aducido para paralizarlas. Además de que, sin terminarlas e incumpliendo, sigue disfrutando de su porcentaje mayoritario en los ingresos del Santamaría, incrementados considerablemente con cobros ilegales como el del CUAC, además de que pretende un cobro adicional ilegal de $5 o $6 por pasajero. Situación abusiva que se suma a otros incumplimientos fundamentales, y que solo permite que el Gobierno le exija ya -lo que debió haber hecho desde hace años- cumplir el contrato tal como lo firmó, o rescindírselo de inmediato por incumplimiento. Las obras restantes, que valen $30 millones, las haría Aviación Civil con solo el ingreso neto de menos de un año del Santamaría. El Gobierno no tiene alternativa porque esto es lo que imponen el interés público y la ley y, si no lo hace, incurriría en corrupción, tal como la tipifica acertadamente la Ley N° 8422.
Como resultado, 5 años después de firmado el contrato, hay una manga menos para desembarque de pasajeros que entonces, no está construido el nuevo edificio terminal que debía levantarse donde existió la antigua (solo funciona la nueva que construyó el Gobierno con Rodolfo Silva, y no Alterra), la rampa de estacionamiento de aviones sigue igual y ya no caben las naves. Tal como consta en el mensaje presidencial último, desde el 2002 el movimiento ha aumentado en 644 vuelos mensuales, con 10 aerolíneas internacionales más, y en el primer trimestre de este año entraron casi 155.000 turistas más que en igual período del 2004. De ahí el congestionamiento de pasajeros y de aviones, porque el tráfico se ha incrementado considerablemente, tal como estaba previsto. Por otra parte, el dinero que debía sobrar a Aviación Civil de su parte para ampliar otros aeropuertos no existe, y la terminal en Liberia tuvo que construirla el Four Seasons; mientras, Aviación Civil mendiga dinero para hacer ahí una mísera e indispensable rampa para que los jets ejecutivos de clientes de los hoteles puedan quedar estacionados y bajo guarda.
Al tope. Los cálculos conservadores de la FAA americana de aumento promedio de pasajeros norteamericanos a Latinoamérica es de un 92 por ciento en lo próximos 12 años, o sea un 5,58 por ciento anual, muy inferior al que ha mostrado un destino turístico posicionado como Costa Rica. Esto, aunado a que la única pista del Santamaría tiene un tope máximo de capacidad, a que no se le podrá descongestionar del tercio de los vuelos livianos a partir del 2010, tal como estaba previsto en los planes de TAMS , porque el Tobías Bolaños ya está al tope, y que no se ha empezado siquiera con el indispensable nuevo aeropuerto internacional en Orotina -pieza fundamental en los planes de TAMS- augura una situación de próximo desastre para el turismo y el desarrollo de las exportaciones por vía aérea, clave para el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos.
Tienen razón, pues, para su preocupación Acoprot y las cámaras, solo que está mal dirigida en cuanto a la causalidad y la solución.
Columna de Juan José Sobrado, La Nación, 2005-05-24.