Miguel Sobrado Sociólogo · Político · Fotógrafo

Juan José Sobrado

Sin agua. ¿cuál desarrollo?

Fecha
5 de agosto de 2006
Publicado en
La Nación
Lectura
4 min

Costa Rica ha apostado su futuro al desarrollo de servicios e industrias de alta tecnología, del turismo y a su inserción en el comercio global, para llegar a ser un país desarrollado. Pero muy pocos pasos da para lograrlo, o los da al revés, como sucede con la conservación del agua potable, indispensable para alcanzar ese objetivo.

Todo el Valle Central, y un 75% del país, se asienta sobre acuíferos subterráneos o capas por donde circula y se almacena la inmensa mayoría del agua disponible, pero en la superficie se tira -como país de quinto mundo- todo lo necesario, que por infiltración le llega, para contaminarla y que deje de ser potable.

Empezando por el sistema primitivo de los tanques sépticos, base del urbanismo, que contamina las aguas con nitratos, como en forma alarmante viene sucediendo sin que se haga nada. No hace mucho la doctora Reynolds, del Laboratorio de Hidrología de la UNA, y otras autoridades denunciaron que ya en los picos altos, en el 20% de los pozos de que se abastece un sector importante de la población, tales nitratos exceden del nivel permisible para la salud humana. El promedio de la presencia de tales nitratos puede estar todavía cerca de ese máximo, pero en sus oscilaciones lo excede y ya el agua no es potable de acuerdo con las reglas, pero se ingiere porque el consumo es continuo. Tal como la han denunciado esas autoridades y el informe Estado de la nación , desde hace años, la contaminación con nitratos es un fenómeno progresivo en aumento.

Vergonzosa posición. Resulta que en Costa Rica, en vez de recoger y tratar las aguas negras y residuales mediante cloacas colectoras y plantas de tratamiento, como debe ser, se lanzan al subsuelo. En esto ocupamos uno de los vergonzosos últimos lugares en Latinoamérica, apenas por encima de Haití y Nicaragua. Y donde hay cloacas recolectoras, no hay o no funcionan las plantas de tratamiento, por lo que las aguas negras se tiran a los ríos que son cloacas abiertas, de modo que el Grande de Tárcoles en el que desagua el Valle Central, es uno de los más contaminados de Centroamérica, y afecta seriamente todo el golfo de Nicoya. Los ríos, a los que además se tiran los desechos sin tratar de muchas industrias, algunos de ellos muy peligrosos, se infiltran y comunican a su vez en sus cauces con las aguas subterráneas.

Actualmente cerca del 70% del abastecimiento de la población proviene de las aguas subterráneas, dependencia que irá en aumento porque las aguas superficiales ya están contaminadas o captadas. Para que se comprenda mejor la importancia de las aguas subterráneas, es necesario tomar en cuenta que en el total de la hidrosfera planetaria, apenas el 2,4% del agua es dulce; que esta en un 78% se encuentra congelada en los polos, un 21,5% es subterráneo, y solo un 0,4 es superficial y se encuentra en lagos y ríos.

Amenazador proyecto. Ante tal panorama de peligrosa contaminación, fácilmente corregible con las medidas apropiadas, ¿qué se hace para que el país pueda desarrollarse sin contaminar esas aguas vitales para su futuro y la salud de la población? Nada o todo lo contrario. Los desarrolladores urbanos prefieren, contra sus propios intereses a mediano y largo plazo, recurrir a las presiones políticas contra las municipalidades que se les oponen, y otros contaminadores, a manipulaciones diputadiles hábiles para seguir haciendo lo mismo. Tal como lo denuncié en el artículo Caballo de Troya , publicado aquí en diciembre pasado, sin que nadie me pudiera refutar por ser cierto, el cacareado proyecto de Ley de Recurso Hídrico, que se pretendió convertir en ley, y que todavía se encuentra en la Asamblea Legislativa como amenaza latente, en el capítulo de "Protección", no era más que todo lo contrario: de desprotección de las aguas potables, subterráneas y superficiales, mediante hábiles maniobras ocultas en palabrería que muchos diputados de la propia comisión, que actuaban de buena fe, no advirtieron. El objetivo ahí plasmado era deshacer lo bueno existente y "legalizar" insidiosamente todos los abusos, haciendo creer que se hacía lo opuesto.

Por esos motivos, en esta materia vital, al igual que en otras, nos ponemos serios y hacemos lo que hay que hacer, o nos iremos en habladera y en hacer que se hace, por lo que Costa Rica ya está en curso en convertirse en el hazmerreír de la región, cuando en el pasado fue el modelo admirado. El equipo de gobierno tiene que plantearse este tema vital del agua potable -lo que no ha hecho- con el respaldo de los otros poderes del Estado, como un punto político esencial de supervivencia del país.

Columna de Juan José Sobrado, La Nación, 2006-08-05.