Falla política
- Fecha
- 4 de marzo de 2001
- Publicado en
- La Nación
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Hemos sostenido que la principal causa de la crisis del Estado es una falla en la conducción política, tanto por falta de representatividad y de control, como por agotamiento de la clase política que, carente de ideas y de energía, repite plañideramente las mismas excusas, y solo exhibe apariencias que, por todas partes, se le caen a pedazos.
Ello se advierte en todo. Un caso más, en la política turística, pese a la buena intención de algunos ministros del sector, en cuenta el actual. Porque conducirla adecuadamente requeriría un movimiento de todo el sistema, del que aquella clase es incapaz. Como lo dijo recientemente el delegado español en el último Congreso de Canatur, solo poniéndose a trabajar en serio se puede lograr un gran avance, y ello no se ha hecho.
Regalo del cielo. El boom turístico empezó a principios de la década del 90, como producto inesperado de la publicidad que recibió el país por el Premio Nobel de don Óscar Arias. Sin embargo, las autoridades públicas, a quienes cayó como un regalo venido del cielo, no hicieron nada por años para mejorar el aeropuerto y las carreteras. Por ello, pese a las dimensiones del boom que si se hubiese aprovechado, ahora tendríamos un ingreso turístico del doble o del triple pronto mermó el crecimiento por carencia de lo básico. A diferencia de, por ejemplo República Dominicana, que sí supo aprovechar sus circunstancias, y que ahora tiene un desarrollo turístico mucho mayor que el nuestro. O de España en su momento, que se ingenió para crear las circunstancias que aquí llovieron regaladas.
De haberse hecho lo elemental que había que hacer, ahora tendríamos un ingreso de $2.000 millones o más no solo $1.000 millones al año por turismo, y no estaríamos expuestos a las crisis del café y del banano, cuyos precios van y seguirán cayendo de picada, porque hace mucho le pasó la hora a este tipo de exportación.
El turismo, la exportación de productos de alta tecnología y los servicios son el futuro de los ingresos de divisas del país. Todos dependientes del aeropuerto. Sin embargo, siempre pensando en chiquitico, se desechó como alternativa de desarrollo del Santamaría la que permitía hacer vuelos directos a Europa y que el sistema de pistas quedase cumpliendo con las normas internacionales de seguridad y de distancias. Se adujo para no hacerlo que había que expropiar unas decenas de casas.
Contra el desarrollo. Pero Europa es el segundo gran exportador de turismo del mundo, y los vuelos directos, que ofrecen grandes atractivos, habrían permitido captar una porción mucho mayor de tan importante mercado. A mediano plazo, además, los superjumbos en desarrollo bajarán los precios en los tramos largos e impulsarán el turismo en gran escala. Pero no podrán aterrizar en el Santamaría porque aquella opción de pistas no lo permite. Por tanto, la antipolítica de desarrollo del Santamaría es un modelo de lo que no se debe hacer y de la ceguera de la clase política.
La naturaleza es nuestro gran atractivo turístico, pero se la ensucia y destruye todo lo que se puede, y al bello paisaje de la Meseta Central se le contamina visualmente con instalaciones horrorosas. Todo con la tolerancia y colaboración del Estado.
Carreteras decentes y no paisajes lunares llenos de cráteres son indispensables para el desarrollo turístico, pero al Conavi, previsto para su arreglo, no se le gira el abundante dinero que pagamos con ese objeto los automovilistas, como tasa de mantenimiento y servicio, que por eso no se puede desviar.
En los puertos se pretendió atender a los turistas de cruceros en tugurios, y aún así cobrarles por venir, por lo que se han corrido.
Toda esta suma de absurdos en materia tan importante retrata de cuerpo entero la incapacidad de la clase política y demuestra la tesis que queremos probar.
Columna de Juan José Sobrado, La Nación, 2001-03-04.