Educación: calidad e inversión
- Fecha
- 16 de diciembre de 2005
- Publicado en
- La Nación
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A raíz del debate entre los candidatos Arias y Álvarez sobre el tema de la educación y los cargos formulados por el segundo al primero, de no haber aumentado, supuestamente, la inversión durante su gobierno, Ennio Rodríguez, quien sigue a Álvarez , expuso en estas columnas una preocupante visión economicista sobre el acuciante problema -cada vez más grave- de un sistema educativo que produce cifras alarmantes de pachucos titulados, sin conocimientos, sin capacidad crítica y sin formación para nada, según lo demuestran los resultados en las universidades. Para don Ennio, todo se reduce a gastar más en eso y pide -horror de horrores- suprimir el bachillerato.
Valores y concepción. Es cierto que se requiere gastar más en nuevas escuelas y colegios, en reparar los existentes, en libros, en más docentes, en extensión del sistema, pero eso es puramente instrumental, no es el problema. El problema es el sistema, sus valores, su concepción del educando, de la educación y de sus fines. Tal causa se detectó desde l981, cuando cambiado 8 años antes el sistema anterior -de muchos mejores resultados- por lo que en lo fundamental es el actual, la investigaciones de un grupo de psicólogas de la Universidad de Costa Rica, dirigido por la doctora Zaira Méndez, encontraron rendimientos muy alarmantes, pese a que en esos años el gasto educativo fue el más alto en la historia de Costa Rica. Tales investigaciones encontraron que, contra lo esperado, solo el 25% de los estudiantes alcanzaba a los 15 años el nivel del pensamiento abstracto y abandonaban el concreto propio de la infancia, y que, conforme los estudiantes avanzaban en la secundaria, más bien perdían la capacidad de razonamiento. Tan escandalosos resultados -prueba palmaria del fracaso del nuevo sistema- ampliamente divulgados por la prensa, cayeron en los oídos completamente sordos de las autoridades educativas.
Los mejores. Coincidentes con tan evidentes pruebas, son las cifras del gasto público en educación del descentralizado sistema público norteamericano, basado en sistemas similares, el más alto en inversión de los países de los países de la OCDE, y que no obstante es el que peores resultados obtiene. Igual, las investigaciones independientes del eminente psicólogo norteamericano señor Stevenson, en escuelas comunes estadounidenses, japonesas y de las dos Chinas. Stevenson encontró los mejores resultados en matemáticas en destartaladas escuelitas en las afueras de Pekín. Las razones saltan a la vista: los orientales nunca abandonaron los principios confucianos, del esfuerzo personal, del amor por el conocimiento y el estudio, de la disciplina y el respeto por los maestros y padres; de los buenos maestros, de la concepción de los estudiantes como seres capaces de aprender. Los Estados Unidos se salvan por su excelente educación privada, basada en la excelencia y no en las leyes del mercado, ya que dependen de fundaciones privadas, y porque atraen a las mejores mentes de todo el mundo, ahora principalmente orientales.
Visión oscurantista. De ahí que el punto medular sea la calidad y el resultado, sin perjuicio de las inversiones necesarias para lograrlos. La comprensión de que era necesario cambiar el paradigma educativo, y dar los pasos necesarios para ello, fue un mérito indiscutible de la administración de don Óscar Arias bajo la acertada dirección del doctor Francisco Antonio Pacheco, según este lo explicó en estas columnas en respuesta a don Ennio. Lamentablemente, la visión oscurantista del PUSC, dirigida por Marvin Herrera en la siguiente administración, echó marcha atrás a todo ese proceso de superación -lo que se mantiene hasta ahora- e incluso atacó ferozmente a la Fundación Omar Dengo en sus pioneros esfuerzos por incorporar el desarrollo de la programación de las computadoras, y así orientar la creatividad juvenil en los nuevos y vitales instrumentos del mundo moderno. A esa corriente y a sus aliados en el establishment les interesaba mantener el clientelismo en su beneficio como organización, aunque perjudicara a los docentes al convertirlos en siervos, y enormemente al país por sus repercusiones en la calidad de la educación.
Para que Costa Rica pueda insertarse con éxito y provecho en el mundo moderno, cuyo desarrollo se basa en el conocimiento, la calidad de la educación es fundamental, y en eso arrastramos un déficit enorme, cuya superación solo puede empezar por el cambio de paradigma, tal como lo propuso entonces y lo propone ahora el doctor Pacheco.
Columna de Juan José Sobrado, La Nación, 2005-12-16.