¿Con Dios o sin Dios?
- Fecha
- 3 de octubre de 2009
- Publicado en
- La Nación
- Lectura
- 4 min
La Constitución es el cuerpo normativo que recoge los principios y valores básicos de la vida en sociedad, y asimismo estructura la organización política, mediante la cual se ejerce y legitima la autoridad necesaria para su existencia. Además de ser un ordenamiento de la forma social de existencia, la Constitución declara los valores y metas que orientan y les dan sentido al Estado y a la sociedad.
Religión mayoritaria. Los valores y principios son los de la cultura en la cual se origina. La moral universal de la cual participa, el idioma, la religión, las instituciones sociales, las costumbres, las formas de conocimiento, la educación, la organización económica.
De ahí que la creencia en Dios, compartida por una gran mayoría de la población haya de estar en la Constitución, y por la misma razón el cristianismo y sus valores, así como su principal expresión, la Iglesia Católica que es la de esa mayoría.
Por eso resulta vana la pretensión de un grupo de diputados de eliminarlos de la Constitución, ni cabe alegar que el Estado es una construcción abstracta, ya que, si bien , como todos los conceptos, es una abstracción, se construye a partir de la realidad, que es como es y como se dijo, y no se puede negar.
Tampoco cabe alegar que el Estado no tiene religión, ya que esta es de las personas físicas, lo cual es cierto, pero sí tiene tareas y una ellas es reconocer los hechos sociales, que en el caso son los de la mayoría.
Sin embargo, debe ejercerlo sin discriminación para ninguna religión y en proporción a sus adherentes, porque la libertad religiosa y de pensamiento es uno de los principios fundamentales del Estado.
Lo anterior no significa que se han de unir Iglesia y Estado. Todo lo contrario, la separación de la Iglesia y del Estado, así como con los otros poderes sociales, es un principio fundamental de nuestra Constitución, ya que se trata de fuerzas y autoridades distintas que no se pueden ni se deben mezclar. De ahí que está prohibido que los ministros y jerarcas de una religión lo sean también del Estado (diputados, ministros, presidente), lo que incumplen flagrantemente los que propician esta reforma, que no obstante ser ministros de una religión, están o estuvieron sentados como diputados, llevando agua para su molino y reuniendo dos poderes sociales en una misma mano.
Con la misma lógica equivocada, se podría pretender eliminar el español como idioma oficial, porque supuestamente eso discrimina el bribri y al cabécar , o a la cultura occidental, en vez de la árabe o a la india, como base de la educación.
Todo ello no sería más que un aberrante absurdo, como lo es esta pretensión de quienes se dejan llevar por el ruido de los tarros, sin darse cuenta de que tras de ellos se oculta la disolvente tendencia de relativizar todos los valores, germen peligrosísimo y mortal para toda sociedad.
Valores universales. Por eso, los más vigorosos y prósperos países se asientan sobre los valores de la religión y de la moral universal. A Dios lo invoca en repetidas ocasiones la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. La Reina de Inglaterra es la jefa de la Iglesia de ese país; el retorno a la moral confuciana, sobre todo respecto de le educación y del orden social, es, sin decirlo, una de las claves del reciente desarrollo de China; in God We Trust en el lema de los Estados Unidos, declarado por Ley del Congreso y existente desde 1814 en su himno nacional, el Star Spangled Banner; la invocación a un Ser Supremo aparece en la declaración francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, pese a la tendencia anticlerical del enciclopedismo que la inspiró, justificada, por cierto, ante los abusos políticos del clero en el Antiguo Régimen.
Repito que una cosa es lo existente que debe mantenerse, y otra cosa es que el Estado y la Iglesia han de estar separados. Tal es la esencia del verdadero Estado laico, con lo cual yo estoy de acuerdo. Porque una cosa es reconocer y ayudar al otro, y otra, muy distinta mezclarse con él.
Tal mezcla fue precisamente, y ha sido la causa de la decadencia de la Iglesia a partir de su alianza con el poder secular, y la causa del atraso y de muchos males en las actuales sociedades y Estados musulmanes.
Columna de Juan José Sobrado, La Nación, 2009-10-03.