Miguel Sobrado Sociólogo · Político · Fotógrafo

Columnas en prensa

¿Monos chapulines?

Fecha
4 de julio de 1997
Publicado en
La Nación
Lectura
4 min

El personal que atiende el Parque Nacional Manuel Antonio colocó el siguiente aviso: "Darle de comer a los monos ha traído como consecuencia que se tornen agresivos y peligrosos. Tres niños han sido atacados en los últimos tres meses. Si alguien es sorprendido alimentándolos, será obligado a abandonar el parque."

No conozco el contexto particular en que se generó esta situación ni soy especialista en comportamiento animal para dar una interpretación sobre estos hechos. Del aviso no se deriva la calidad o cantidad de la alimentación ni la frecuencia con que se les daba de comer. Tampoco si los monos habían dejado de buscar alimento por sí mismos; si atacaban por hambre o por exigencia. Pero, por ser estos animales bastante cercanos, en el proceso evolutivo, a nuestra especie, el texto me sugiere una reflexión sobre algunas políticas sociales y económicas y su aplicación en el mundo contemporáneo. Me refiero a las políticas asistencialistas y sobreproteccionistas. Esto es, en el campo social, aquellas que basan las soluciones a los problemas exclusivamente en dar y regalar, sin preocuparse por la promoción y la superación de la pobreza, provocando dependencia; y en el campo económico, aquellas que conciben la regalía (por ejemplo los CAT) y la protección a ultranza del Estado, en vez del desarrollo de la capacidad empresarial, como la manera de hacer negocios.

La asistencia social, en forma de pensión, vivienda o atención médica, la merecen aquellas personas de ingresos insuficientes, que por lo avanzado de su edad o mal estado de salud no pueden ya llegar a valerse por sí mismos. También necesita asistencia, con carácter temporal, quien ha sufrido una catástrofe natural o ha resultado afectado por los ajustes estructurales, mientras se recupera. Solo que la asistencia a este último sector, para que sea fructífera y no degenere en asistencialismo debe ir acompañada de posibilidades de rehabilitación o de capacitación para reinsertarse en la actividad económica.

Suprimir el factor rehabilitador o promocional de la política limitándola a la mera ayuda material, convierte la asistencia en asistencialismo. Esto es, en dar una respuesta a los síntomas y no a las causas que generan el problema, lo que en el mediano y largo plazo, llega incluso a inhibir el desarrollo humano y la autoestima de los supuestos beneficiarios. En muchos casos los convierte en mendigos profesionales que manipulan a la gente con un "me regala algo" acompañado con una mirada de postración. Obteniendo de esta forma los ingresos que bien podrían ganar con su propio esfuerzo.

La protección y el estímulo fiscal pueden ser también de utilidad en una política económica, cuando tienen carácter transitorio, permiten adquirir experiencia, posicionarse en los mercados y adquirir capacitación administrativa, técnica y de mercadeo. Esto es, cuando permite a quienes tienen vocación y capacidad de construir empresas de informarse, conocer y adiestrarse para entrar paulatina, pero inexorablemente en el mundo de la competencia. Este es sentido con que ha sido aplicada por los "samurai" asiáticos. El empresario que no logra a tiempo el nivel adecuado, desaparece al reducirse o eliminarse la protección. En nuestro país, estas medidas no han sido, como correspondería, de protección, sino que han degenerado en proteccionismo. Se han aplicado sin metas de desarrollo empresarial, sin límite de tiempo para enriquecer y favorecer a los ineptos amigos y financiadores de la campaña del gobernante. En aras de una supuesta igualdad, ha servido incluso para que las transnacionales de alta tecnología, que no necesitan ninguna protección para su desarrollo, traigan al país su equipo obsoleto fuera de uso en el mundo desarrollado. Así, en vez de aprovechar las ventajas para desarrollar la creatividad y capacidades locales, exigen cada vez más y hasta muerden la mano que les da de comer impulsando la corrupción.

La política social plasmada en el Plan de lucha contra la pobreza, expresa con bastante claridad la necesidad de hacer una distinción según las necesidades y naturaleza de los diversos sectores de pobres, y aunque no usa las categorías de pobreza estable y temporal -limitación importante en su puesta en marcha-, recomienda con claridad la necesidad de brindar asistencia mientras la gente se supera. La política económica es menos clara en sus enunciados y en este sentido deja una mayor cantidad de portillos abiertos, así vemos como el Estado de nuevo se apresta para asumir las deudas de los políticos-bananeros. De esas empresas -muchas de ellas de bajo rendimiento-, privadas formalmente, pero financiadas y operadas con capital de la banca estatal.

La asistencia y la protección son mecanismos sociales necesarios para garantizar la paz social y el desarrollo, pero su aplicación debe ser apropiada y oportuna para que logre sus metas. Su aplicación ingenua u oportunista conduce a efectos no deseados de los sectores que se pretende beneficiar como ha sido, aparentemente, el caso con los monos del Parque Nacional Manuel Antonio.

Publicado en La Nación, 1997-07-04.