¿Es libre el mercado del café?
- Fecha
- 19 de septiembre de 1996
- Publicado en
- La Nación
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La espectacular baja de precios del café, a finales de los ochentas, que se mantuvo hasta 1994 desalentó amplios sectores de caficultores en todo el mundo y produjo una reducción considerable en los inventarios mundiales.
Como los buenos precios, provocados por la noticia de la helada en Brasil ese año, descendieron a los pocos meses a niveles cercanos a los cien dólares, el desaliento se mantuvo entre los productores y no se produjo un "boom" en la oferta. Actualmente oferta y demanda de café se encuentra prácticamente equilibradas, con tendencias a estancarse o disminuir la producción del grano. Según algunos especialistas, de mantenerse esta tendencia podría generar en el mediano plazo un déficit importante del café y un alza significativa de precios. Aunque esta última información, de ser cierta, pudiera ser motivo de alegría para los sufridos caficultores, el propósito de este artículo no es generar alegrías, sino, tomando en cuenta el comportamiento de precios durante los últimos años, llamar a la reflexión y estudio sobre los mecanismos intervinientes en los mercados contemporáneos y sus posibles repercusiones sobre la crisis de la caficultura.
La pregunta sería: ¿corresponden efectivamente, estos años de "vacas flacas" al equilibrio entre la oferta y la demanda del café y nos encontramos temporalmente a la baja, dentro de un ciclo natural, o existen factores en el mercado que han prolongado artificialmente los precios bajos? Hacer esta pregunta no carece de sentido, pues durante los últimos diez años se han producido cambios cualitativos, sin precedentes en la economía y sobre todo en los mercados financieros mundiales, cuyas implicaciones apenas empiezan a ser estudiadas.
Una característica de la llamada revolución posindustrial contemporánea ha sido la terciarización y "desmaterialización" de la economía analizada por Ulrich Menzel en la revista "Desarrollo y Cooperación" de setiembre-octubre de 1995. Se llama terciarización pues el sector de los servicios o terciario (comercio, transporte, sistema financiero, servicios personales y públicos) se ha transformado en el sector más importante de la economía del mundo desarrollado, tanto por su aporte al producto interno bruto, superando varias veces a los sectores industriales y agropecuarios juntos, como por la ocupación de mano de obra.
Dentro del sector servicios, ha sido el sistema financiero, los seguros, sector inmobiliario y servicios profesionales el que más ha crecido "por ejemplo en Estados Unidos -donde alcanza ya el 25%- es mucho mayor que el conjunto de la industria transformadora". El crecimiento explosivo del sector financiero produjo un cambio fundamental en la economía mundial. Mientras que el comercio internacional de mercancías se encuentra estancado desde mediados de los años 80, se produce una auténtica explosión en la exportación de capitales.
Estos capitales no se dirigen, sin embargo, a las áreas tradicionales de colocación, como las materias primas o la industria procesadora, sino hacia el sistema financiero y los inmuebles. Actualmente, su volumen supera el 400 por ciento el de las inversiones directas tradicionales. El crecimiento del sector financiero ha sido tan vertiginoso en los últimos años, que actualmente "las operaciones diarias en las bolsas internacionales se calculan en alrededor de 1.000 millones de dólares. De ello solo el dos por ciento del financiamiento se haya en función del comercio mercantil internacional. La gran masa está conformada por las colocaciones netamente especulativas en los mercados de intereses, divisas y mercancías, vale decir, en el mercado de opciones, futuros, swaps o como suelen llamarse las "innovaciones financieras". Como se puede apreciar, el volumen de las mercancías ha disminuido dentro de las transacciones mundiales, siendo sustituido por las operaciones de carácter financiero-especulativo. El llamado comercio de derivados (futuros, opciones, etc.) que surgió originalmente como un servicio para los productores se ha autonomizado en gran medida y ha terminado por convertirse en un fin en sí mismo.
Según Menzel "El análisis financiero no se orienta en consecuencia a los indicadores "fiables" -como la rentabilidad de una empresa o los datos coyunturales de la economía de un país determinado- sino hacia la extrapolación de desarrollos previsibles en los tipos de cambio partiendo de los existentes. Al colocar suficiente capital que procure un alta o una baja se logrará el rumbo deseado. De este modo surge un sistema de autorreferencia, que carece de contacto con el mundo de la economía material".
En la misma revista, en un artículo de David Felix, se destaca como ante la ola especulativa de setiembre de 1992 que afectó seriamente los mecanismos que rigen los tipos de cambio de la Comunidad Europea la revista The Economist, usualmente defensora del libre comercio, publicó "un elogio a la propuesta del economista Tobin (para gravar con un impuesto a las transacciones especulativas)... Incluso prominentes banqueros internacionales como Wilfried Guth, del Deutsche Bank y Alexander Lamfalussy, actual presidente del Instituto Monetario Europeo, consideran libre movilidad del capital... y la formación libre de los tipos de cambio minan obligatoriamente, en el caso de globalizarse universalmente, el libre comercio de las mercancías". Más adelante D. Felix añade "Estas reflexiones tienen sobre todo en mente los efectos destructivos del libre flujo de capitales en las economías industriales más avanzadas. Pero los efectos son mucho mayores en los países subdesarrollados. Sus estructuras productivas, menos flexibles, reaccionan más lentamente... y su frágil sector financiero enfrenta grandes dificultades para absorber los impactos financieros... las contradicciones entre la liberalización comercial y la financiera se ven agudizadas en los países menos desarrollados".
Se puede compartir o no estas opiniones, pero el comportamiento errático de los precios del café durante esta década, que coincide con el surgimiento de un nuevo y poderoso mercado financiero mundial exige someter a revisión la solidez de los supuestos con que hemos actuado hasta el momento. ¿Podemos seguir en la actividad cafetalera limitándonos solo a la producción, como lo hemos hecho hasta el momento? ¿Hasta dónde son efectivos, en las actuales condiciones, los mecanismos de retención de cuotas? ¿Podemos encontrar aliados y oportunidades para incursionar y posicionarnos con nuestro propio mercadeo en mercados en expansión como los de Asia o Europa central y los llamados gourmet? A estas y otras preguntas es posible responder si nos decidimos a utilizar sistemáticamente, como lo hacen las empresas de punta en el mundo de hoy, la investigación-desarrollo acompañada por talleres de planificación estratégica para los responsables de la toma de decisiones que permitan encontrar soluciones apropiadas a las nuevas realidades.
Publicado en La Nación, 1996-09-19.