El poder debajo de la mesa
- Fecha
- 27 de septiembre de 2007
- Publicado en
- La Nación
- Lectura
- 3 min
Felicito a don Julio Rodríguez (
, 13/8/07) por tocar el tema del poder dentro del poder del Estado costarricense al que llama el Triángulo de las Bermudas de la administración pública, donde todo se pierde o entraba.
¿Por qué no funciona el aparato público para las cosas cotidianas? Para otras es altamente eficiente, como en el caso del trámite del préstamo finlandés, cuya aprobación se logró en un tiempo récord de 20 minutos en la Asamblea Legislativa. ¿Será un problema en el ADN de los funcionarios públicos que corrompen, cual rey Midas al revés, todo lo que tocan? ¿Es que debe caer fuego del cielo sobre las instituciones públicas, como sobre Sodoma y Gomorra?
Origen de los problemas.
Entrarle a este tema es la clave para enfrentar los problemas del Estado más allá de las causas y efectos visibles e inmediatos.
El profesor Peter Senge, especialista en desarrollo organizacional de la Universidad de Harvard, nos recomienda analizar el comportamiento real de las instituciones, y no solo el formal, para descubrir las estructuras subyacentes de poder y ubicar el origen de los problemas. En este sentido, debemos juzgar los comportamientos institucionales por sus resultados. “Por sus hechos los conoceréis”, como dice la vieja sabiduría, y no solo por la normativa.
Al analizar el comportamiento de la gestión pública, detectamos la presencia de estas estructuras de poder que definen los resultados finales de la gestión. El poder de los mandos medios, al que hace referencia don Julio, no es gratuito, se deriva de espacios cedidos por un sistema de controles que no controla nada y paraliza la gestión pública. Se fundamenta en la forma en que se aplica la
Ley de administración financiera
, en especial en su reglamento, que paradójicamente depende de un decreto ejecutivo.
Tenemos un sistema de controles aparentemente severo, sostenido por una alianza perversa entre puritanos y corruptos. Los primeros, sin visión de Estado e inspirados en un moralismo a ultranza, pretenden controlar la gestión pública en los detalles como si fuera una pulpería, mientras que los segundos se parapetan en dichos controles para poder atribuir a “otros” y al “Estado” los malos resultados de su gestión.
Lo grave de todo esto es que este sistema de “controles” que apodera a los mandos medios en detrimento de la autoridad de los gerentes públicos se realiza a contrapelo de lo estipulado por las normas constitucionales fundamentales sobre la rendición de cuentas y evaluación de resultados.
Los hilos de este asalto brutal a nuestro régimen de Derecho nos llevan en varias direcciones, pero, de manera clara, a la forma en que se han elaborado algunas leyes como la de expropiaciones, y la forma en que se aplica la
Ley de administración financiera
¿Por qué esto se mantiene así, pese a las demandas y condenas millonarias contra el Estado? ¿Por qué este tema, crucial para el buen funcionamiento del Estado y la moral pública, no forma parte de las prioridades legislativas del Gobierno y de la oposición?
Publicado en La Nación, 2007-09-27.