Miguel Sobrado Sociólogo · Político · Fotógrafo

Columnas en prensa

¿Corresponsables de la crisis?

Fecha
1 de mayo de 2005
Publicado en
La Nación
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En días pasados, a raíz de un desafortunado y chocante desaguisado de la Comisión Nacional de Enlace amenazando desconocer los resultados de las próximas elecciones, salió un campo pagado de la Cámara de Comercio condenando este hecho, y otros dirigentes empresariales dieron ágilmente declaraciones similares.

Esto sería suficiente si se tratara de un hecho aislado y no, como lo es, expresión de un proceso de desajuste y descomposición institucional y política que se viene gestando hace tiempo expresada en la creciente corrupción del sistema y en la falta de voluntad de cambio y transformación por parte de quienes se benefician del estancamiento. El desajuste institucional y político que se manifiesta en todos los niveles de nuestro Estado ha venido creando tensiones y descontento creciente en la población por la falta de conducción y la reiteración de consignas y promesas incumplidas.

Somos una república de nombre sin control ciudadano efectivo como el que tienen las democracias avanzadas. Aquí pagamos un impuesto para el desarrollo vial o para combatir la pobreza y se gasta en cualquier otra cosa. En un país del primer mundo los ministros responsables serían despedidos, pero aquí siguen como si nada porque la institucionalidad esta amoldada a la cleptocracia y no a la ciudadanía, como debe ser. Tenemos una división territorial del siglo XIX, totalmente disfuncional, y una institucionalidad feudalizada donde cada jerarca es un reyezuelo. Actualizarla a las nuevas condiciones y descentralizarla es un requisito para el desarrollo y la eficacia institucional, como lo demuestra la experiencia de los países exitosos, pero el centralismo oportunista nos consume.

Riesgo de la violencia. Recordemos que todo sistema que no puede satisfacer las necesidades para las cuales fue creado o se reforma oportunamente o las tensiones terminan por llevarlo al caos. Esto conlleva el riesgo de la violencia, incluyendo la dictadura o la guerra civil. Por eso si bien la reacción de condena al exabrupto es oportuna, la acción principal debe dirigirse hacia las causas que generan estados de desesperación y demencia colectiva.

De hecho son los empresarios, por su posición los primeros en detectar las fallas del sistema y en ser objetos o sujetos de la corrupción. Si no se hace esto oportunamente, la desesperación llevará al despeñadero a nuestro país. Pienso que las Cámaras como los Sindicatos y otras organizaciones empresariales y comunales deben escuchar la voz del sentido común y propiciar un debate, en esta campaña electoral, sobre las reformas institucionales necesarias. No hay que ir muy lejos para buscar ideas y ya existen varias propuestas hechas por especialistas nacionales que pueden ser tomadas como base de discusión.

Basta ya, por parte de algunos sindicatos, de exabruptos peligrosos y por parte de los empresarios de dar dinero para campañas personalistas que encubren negociados. El capitalismo con amiguismo, corrupto y causa de violencia, como bien lo documenta la profesora de la Universidad de Yale Amy Chua en su libro El mundo en llamas , debe terminar si no queremos que se acaben las condiciones para el desarrollo, el bienestar y la paz.

Publicado en La Nación, 2005-05-01.