Miguel Sobrado Sociólogo · Político · Fotógrafo

Columnas en prensa

Construir demanda cambios

Fecha
13 de marzo de 2005
Publicado en
La Nación
Lectura
3 min

Nuestro país demanda transformaciones institucionales profundas si no queremos entrar en un período de caos de consecuencias impredecibles. Los cambios, como las corrientes de agua, se pueden encauzar solo si se actúa objetiva y oportunamente con una visión de futuro, pero de ninguna manera se pueden detener porque terminan desbordándose.

Hay quienes reducen el cambio a las privatizaciones, sin alterar el sistema de gestión pública para devolver el control a la ciudadanía. Otros grupos, los más, se oponen a toda reforma y se alzan en "defensa de la institucionalidad". Solo que, al oponerse de plano al cambio, si bien en lo inmediato impiden el saqueo del patrimonio público, mantienen sin reformas una institucionalidad moldeada por el sistema cleptocrático imperante que, como hemos visto, además de hacerla ineficiente, la privatiza a través de la corrupción.

Acosados por la urgencia de defender los intereses inmediatos, a veces muy particulares, carecen de una visión alterna para salir de la crisis de desintegración. La reacción de rechazo les permite, en ocasiones, unir fuerzas sociales para oponerse al enemigo común, pero al carecer de bandera propositiva y tener a menudo intereses creados, son incapaces de integrar los esfuerzos alrededor de un proyecto común. Así sus alianzas tienden a ser muy frágiles y limitadas en el tiempo, lo que les impide, si no existen amenazas próximas, aglutinar frentes electorales importantes.

Propuestas operativas. Un ejemplo de la fragilidad de estos aglutinamientos se puede encontrar en el crecimiento en las encuestas de Fuerza Democrática, después del "combo", y su desplome posterior dos años después. Por eso la reacción "anti" y de defensa de intereses corporativos es insuficiente para generar visión de futuro. Se requieren propuestas viables y operativas que generen confianza . Respuestas innovadoras sobre lo que debe ser el Estado, que vayan más allá de las declaraciones de intenciones y perfilen posibilidades y factibilidad. Una respuesta que diga más que con una persona honrada en el Gobierno se resuelven todos los problemas.

Una propuesta que abra el camino a acabar con el feudalismo y el corporativismo entronizado en las instituciones en detrimento de los servicios públicos y el desarrollo nacional. Respuestas sinceras y autocríticas de políticos, empresarios y sindicalistas que abran perspectivas frente a una globalización excluyente. Que no se limite a un rechazo a secas de la globalización en general sin distinguir los matices de exclusión. Todo el mundo sabe que la globalización es un proceso que no se puede detener, pero sí variar de contenido por la acción conjunta de todas las regiones ajustando las instituciones internacionales a las nuevas necesidades.

Lo interno y lo externo. Por eso necesitamos un Estado ordenado hacia adentro pero también activo en el concierto internacional, del cual dependen gran parte de nuestros problemas. Un Estado que promueva, por ejemplo, un nuevo orden donde se pene con multas crecientes el comercio internacional de armas no autorizado por la ONU, se cobre por la contaminación ambiental y la degradación del clima, se eliminen las barreras protectoras del comercio de productos agrícolas que mantienen las grandes potencias, para que pueda florecer en los países vecinos la siembra de alimentos en vez de cocaína.

Un nuevo orden que controle los monopolios y oligopolios comerciales internacionales como el del café, en el que, cuando bajan los precios al productor, no bajan para el consumidor. En fin dejar de lamentarnos de todo y de pedir ayudas, que en realidad no necesitamos, e iniciar con determinación y sabiduría el camino de la construcción de un nuevo mundo, empezando por nuestro Estado.

msobrado@una.ac.cr

Publicado en La Nación, 2005-03-13.