30 años de la UNA
- Fecha
- 8 de abril de 2003
- Publicado en
- La Nación
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La Universidad Nacional –definida como la Universidad Necesaria– ha destacado por clara visión de futuro y clara vocación de servicio heredada de la Escuela Normal.
En su génesis fue capaz de ubicar la importancia que tendrían para el futuro del país las riquezas ambientales y de crear carreras que respondieran a estas necesidades –como en el área ambiental y en biología marina–, así como de llenar lagunas evidentes en la formación profesional, como la de veterinaria, ubicada en una nueva Facultad de Ciencias de la Salud. También fue capaz de escrutar el peligro que establecían para el tejido social y el sistema democrático las tendencias hacia la concentración de la riqueza y rediseñar las carreras como las dirigidas al agro, al estudio de la economía y la organización comunal y empresarial, al tiempo que promovió el estudio de la cultura y el fortalecimiento de las artes. Como parte de esos propósitos dirigió su interés a las zonas rurales y sectores laborales, con lo que abrió oportunidades para el desarrollo de talentos y caminos a la movilidad social. Fue en la Escuela de Planificación y Promoción Social donde se abrió modestamente en 1974, con el esfuerzo de los estudiantes, la primera residencia estudiantil financiada por una universidad pública.
Último intento. La UNA, como parte del último intento de crecimiento de la educación superior estatal, previo al crecimiento acelerado de las universidades privadas, planificó su futuro como institución de mediano tamaño que no debería pasar de los 10.000 ó 12.000 estudiantes, y sobre esa base negoció su participación en el Fondo de la Educación Superior.
La visión y el esfuerzo han dado frutos que se han recogido parcialmente en las estadísticas universitarias y nacionales de formación profesional, aunque no siempre, durante estas tres décadas, se atuvo a la planificación inicial. En las últimas décadas supero el número de estudiantes previsto, aumentó el porcentaje de salarios y redujo peligrosamente los gastos de operación e inversión y de servicio. No obstante un aniversario de 30 años nos obliga, por su significado y el proceso de transformación que vive el planeta, a pensar hacia delante con gran claridad para responder a la misión institucional, teniendo presente las limitaciones heredadas y los nuevos retos de cara al futuro.
Aspectos fundamentales. En este sentido, sugiero atención al menos para tres aspectos no suficientemente analizados y que, creo, son fundamentales para
garantizar el desarrollo institucional:
Hay que formar también profesionales para ser empresarios, no es suficiente formarlos para que se coloquen como asalariados en las nuevas áreas y oportunidades; para eso es preciso hacer ajustes importantes en los contenidos y prácticas de las carreras. El país requiere promover una clase empresarial que genere capital social, capacidad asociativa, competitividad e ingresos que puedan permanecer en el país.
Como heredera de la Escuela Normal, debe dedicar particular atención a la reforma educativa que el país necesita para ingresar con posibilidades de éxito al siglo XXI. Es preciso tomar la iniciativa y liderar el cambio estudiando y socializando las mejores experiencias nacionales en educación e hibridando la formación de nuestros jóvenes talentos, enviándolos a formarse en las mejores escuelas y experiencias educativas del planeta. Es preciso, en este sentido, fortalecer el papel de conciencia crítica y marcar el camino de la transformación y no limitarse a dar los cursos de formación de personal que solicita el Ministerio del ramo. No debe dejarse de lado que la mayor parte de los estudiantes de la UNA se encuentran en carreras de educación y que de la crisis o éxito en este campo dependerá el futuro de la institución.
Finalmente, pero tan importante o más que los otros dos aspectos, está el problema de la parálisis institucional progresiva que sufren todas las instituciones públicas y de la que adolecen también las universidades, llevándolas a un punto de ineficacia que les impide mantener el paso a la par de las universidades privadas. El corporativismo y el exceso de controles previos fijados por las leyes nacionales (paradójicamente con pocos o ningún control de resultados) alimentan el crecimiento de trámites y de funcionarios para llenarlos, haciendo cada vez más costosos e ineficientes los productos. Es fundamental tomar el liderazgo de la reforma institucional y del Estado empezando por un equilibrio sano entre salarios y gastos de operación, de forma que se le garantice buen uso de los recursos y buena calidad de los productos a la sociedad, al tiempo que se facilite el buen desempeño institucional. La creación de fundaciones solo puede ser vista como un mecanismo transitorio, mientras se produce la reforma institucional y nunca como la solución del problema.
Publicado en La Nación, 2003-04-08.