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El dilema de fondo

La MCM alfabetiza organizacional y empresarialmente, despertando el potencial  de las comunidades de encontrar y poner en marcha respuestas a sus necesidades. Para que esto opere, ya que se trata de adultos, se requiere de plena autonomía -enfoque andragógico- de las personas en la definición y puesta en marcha de su proyecto, cuya eficacia la ha demostrado con creces el Banco de Grameen, así como de políticas públicas que estimulen la capacitación y modernización y encadenamientos del sector tradicional. Este método requiere de instituciones de servicio ajustadas a las necesidades de las comunidades y grupos organizados, no de instituciones que vengan a decirles lo que tienen que hacer como si fueran niños. Las instituciones tradicionales parten del supuesto que los “beneficiarios” por su bajo nivel educativo, no pueden sin estar bajo una conducción de los profesionales definir y poner en marcha sus proyectos. El clientelismo político es un componente inherente del contexto operativo institucional, donde se buscan votos y lealtades personales y políticas más que eficiencia. con este fin se utilizan los recursos públicos para gestar liderazgos institucionales corruptos. Ese sistema se ubica adicionalmente en una estructura institucional centralista que carece de instancias regionales de integración.

En otras palabras la MCM ha demostrado su potencial de promoción y apoderamiento en condiciones muy variadas en tres continentes, pero ha logrado enraizar y sostenerse gracias a coyunturas políticas favorables.

En cualquier contexto logra despegar, pero a su consolidación y sobrevivencia contribuye las condiciones políticas y la claridad epistemológica de quienes la aplican. Incorporar  instituciones a un proyecto no siempre suma si no existe claridad sobre el clima de autonomía que requiere la experiencia y la necesidad de ajustes en el sistema institucional. Una acción asistencialista, hecha incluso de buena voluntad, puede “borrar con el codo lo que se hizo con la mano”. El asistencialismo y el clientelismo se constituyen en la práctica en el “matapalo”  de los proyectos. Por una parte, mientras que la MCM genera capacidades grupales y tensa en arco creativo,  el pedagogismo de los técnicos tratando a los beneficiarios como niños y las promesas de los políticos relajan la tensión y trasladan la responsabilidad a las instituciones y políticos.

El problema como se puede apreciar no es fácil de enfrentar, aunque hayan decisiones políticas, sin una transformación de fondo de la actual estructura institucional. Se requieren políticas coherentes de integración del sector tradicional al sector moderno, valorando el potencial de innovación y modernidad que reside en lo que por negación con lo exterior se llama “tradicional”. No hay que pensar que toda innovación viene de afuera sino valorar lo que se tiene y su potencial haciendo “extensión” hacia adentro. Investigando las innovaciones locales y explorando los senderos que abren. Al mismo tiempo es preciso cambiar la mentalidad de los técnicos para que estudien y reconozcan el valor de lo local al mismo tiempo que estimulen conjuntamente la creatividad. Se trata de pasar del concepto de “ayuda técnica” a construcción de soluciones bajo el principio de “Ayúdate que dios te ayudará”.

He dedicado 40 años de mi vida profesional a desarrollar y promover el conocimiento sobre la MCM. Pienso que es un instrumento esencial para el desarrollo. Nosotros tenemos gente, su capacitación y apoderamiento de organización y alfabetización empresarial son indispensables para generar ingreso y construir en el largo plazo ciudadanía y un nuevo sistema institucional. La MCM ha demostrado su potencial en condiciones adversas, conforme la necesidades y las presiones sociales se agudicen y se evidencie el agotamiento de las políticas sociales y de las estructuras institucionales, la MCM adecuada a los nuevos tiempos tomará el sitio que le corresponde dentro de las políticas.